A baby's feet.

Los adoptados – Notas de filología joánica 3

Puesto que el tema tratado en los vv. 10-11 ya ha sido abordado en el comentario a Jn 1,3-5 en el primer artículo de esta serie, vamos a pasar directamente al estudio del primero de los dos incisos que el último redactor del evangelio realizó sobre el himno joánico.1 En la próxima entrega continuaremos con la IV estrofa del himno (vv. 14-16).

Texto

12 Mas a cuantos le recibieron,

dioles poder de venir a ser hijos de Dios,

a aquellos que creen en su nombre;

13 que no de la sangre,

ni de la voluntad carnal,

ni de la voluntad de varón,

sino de Dios son nacidos.

Los invito a ir por un café (o la bebida que más les guste) y volvamos para leer en griego el texto que acabamos de leer en español:2

12 ὅσοι δὲ ἔλαβον αὐτόν,

ἔδωκεν αὐτοῖς ἐξουσίαν τέκνα θεοῦ γενέσθαι,

τοῖς πιστεύουσιν εἰς τὸ ὄνομα αὐτοῦ,

13 οἳ οὐκ ἐξ αἱμάτων

οὐδὲ ἐκ θελήματος σαρκὸς

οὐδὲ ἐκ θελήματος ἀνδρὸς

ἀλλʼ ἐκ θεοῦ ἐγεννήθησαν.

Análisis

El v. 12 presenta una construcción gramatical tosca por comenzar con un anacolutotípico del lenguaje vulgar.

Normalmente, el pronombre relativo ὅσοι (“a aquellos que”) debería presentar la cláusula que calificaría al sujeto de la frase anterior. Pero esto no pasa en nuestro caso. En su lugar tenemos un casus pendens que desdibuja un poco el sentido directo de todo el v. 12. Sobre el casus pendens o el nominativo pendiente, Zerwick explica:

“llamado también “absoluto” o “de relación” (porque encierra la idea de “por lo que se refiere a”), es un anacoluto muy frecuente en el lenguaje vulgar. Consiste en que el sujeto lógico (que no sea a la vez sujeto gramatical) se coloca enfáticamente al comienzo en nominativo, como fuera de la proposición. Después se reasume en la misma proposición por medio de un pronombre en su debido caso.”3

Esta construcción es bastante común en la koinē y en los evangelios, siendo más utilizada por el evangelio de Juan que por los sinópticos. Burney contabilizó 27 casus pendens en el evangelio de Juan, sugiriendo que tal frecuencia es un argumento sólido a favor del posible origen arameo del evangelio.4

Comentarios

V. 12. Para entender con claridad la idea que nos propone este versículo, sugiero una reacomodación del orden de las tres frases que componen al versículo, suprimiendo el anacoluto y facilitando la comprensión de su sentido:

Dioles (el logos) poder de venir a ser hijos de Dios,

a cuantos (ὅσοι) le recibieron,

a aquellos que creen en su nombre.

Nótese que en la frase ἔδωκεν αὐτοῖς está implícito el logos como sujeto. Él viene siendo el sujeto desde los vv. 1-5, en los vv. 2-5 indicado por medio de los pronombres οὗτος (v. 2) y αὐτός (vv. 3.4). En el v. 9 es retomado como sujeto implícito de la frase que lo califica como luz (cfr. el v. 5). Asimismo, en los vv. 10-11 se hace referencia a él como sujeto de forma implícita por medio del pronombre αὐτός.

En nuestra reacomodación se puede notar claramente que el sujeto es el logos, de quien se dice que da el “poder” (ἐξουσία; es decir, la autoridad), para llegar a ser hijos de Dios (τέκνα θεοῦ). Viene a mi memoria la oportuna traducción teológica de Calvino, que entendía ἐξουσία como “distinción, honor”, para refutar la que él consideraba y tildaba como herejía papal de la doctrina del libre albedrío.5 Por otro lado, también debemos tener en cuenta que, en repetidas ocasiones en la literatura joánica, se habla de los creyentes de la comunidad con el vocablo τεκνίον (“niñitos”), empleando para tal efecto, obviamente, la segunda persona del plural en vocativo (o el nominativo). Para τεκνίον, véase 1Jn 2,1.12; 2.28; 3,7.18; 4,4; 5,21; cfr. Jn 13,33. Para τέκνον véase 1Jn 3,1.2.10; 5,2; 2Jn 13; 3Jn 4; cfr. Jn 1,12; 8,39; 11,52. De estos dos pasajes, el más significativo es el último, no sólo porque se repite la misma frase de Jn 1,12, sino porque allí se clarifica qué entiende Juan por la frase “hijos de Dios”.

En la segunda frase se lee que esta autorización se entrega a quienes lo aceptan. La última frase explica en qué consiste la acción de recibir: creer en su nombre. En este versículo, Juan nos habla sobre la adopción divina de los creyentes. En el v. 13, se explica la proveniencia de tal concepción y, más adelante en Jn 3, explicará nuestro autor qué significado tiene el recibir/creer en el logos y volverse hijo de Dios. Por ahora, y antes de pasar a estudiar el v. 13, notemos que el orden actual de las frases del v. 12 dirige la atención del lector a las personas que reciben al logos, acentuando su función e importancia. En contraste con lo que se dijo en los vv. 10-11, donde se describe el rechazo que sufre el logos, aquí se presenta la aceptación.

V. 13. En sus cuatro frases, este versículo tiene una estructura completamente subordinada a la cláusula principal del v. 12, que hemos resaltado en nuestra reacomodación de sus frases, y que aparece en el v. 12b en orden actual del evangelio. La subordinación se presenta por medio de las frases preposicionales negativas οὐκ / οὐδὲ ἐκ (“ni de”). El autor emplea los sustantivos αἷμα (“sangre”) y σάρξ (“carne”) como sinónimos del sustantivo ἀνήρ (“hombre”), con el cual designa la condición humana.

En Ef 6,12 también se usan estos dos sustantivos para referirse a la naturaleza no humana de los opositores y enemigos del creyente en su lucha espiritual. La expresión semita “sangre y carne” (cfr. Heb 2,14), que es idéntica a la expresión invertida “carne y sangre” de 1Cor 15,30; Gál 1,16 (cfr. Mt 16,17), expresa en la literatura judía y rabínica la naturaleza del hombre en lo que tiene de sensible, mortal y débil. De hecho, Strack y Billenberck anotan en su comentario al NT desde las fuentes rabínicas: “σάρξ καὶ αἷμα (bāśār wādām) — es en general, y en contraste con el Dios eterno, la transcripción frecuente para “hombre”.6

La inmanencia de la condición humana es la clave del pasaje; en ella se expresa la paradoja de la adopción divina del creyente. Lo humano no puede ser condición ontológica-genitiva para ser hijo de Dios. De lo humano no surge lo divino. Ninguna de las virtudes humanas engendra lo divino en el hombre; ninguna ética, ni mística puede ser útero de lo divino. Por ello Dios visita la inmanencia humana para habitarla como trascendencia, llenando la oquedad de lo humano; dignificándolo.

En su último testimonio (Jn 3,25-36), JBap va a utilizar la bina antitética ἄνωθεν-ἐκ τοῦ οὐρανοῦ/ἐκ τῆς γῆς7 (“de arriba-del cielo/de la tierra”), para expresar esta idea:

el que cree en el Hijo tiene vida eterna (Jn 3,36; cfr. Jn 3,31).

En Jn 3,25-36 el vocablo griego ἄνωθεν (“de arriba”, “de nuevo”), que apareció al inicio (Jn 3,3-8), y que hace parte del binomio ἐκ τοῦ οὐρανοῦ/ἐκ τῆς γῆς (“del cielo/de la tierra”), juega un papel importantísimo en el diálogo con Nicodemo, y en la teología que expresa el evangelista.

La vida eterna y el volverse hijos de Dios tienen relación: ambos son dados por Jesús, el logos. Esta idea aparece resalta en el v. 13d, por medio del uso de la frase preposicional negativa ἀλλʼ ἐκ (“sino de”), donde se repite el motivo del nacimiento divino:

sino de Dios son nacidos.

En esta frase llama la atención la presencia del aoristo pasivo de tercera persona plural ἐγεννήθησαν (“son nacidos”), con el cual se alude a la acción omnipotente y creativa de Dios, al tiempo que se recuerda lo dicho en Jn 1,12. Resulta aún más llamativo que se use este pasivo divino junto con el sustantivo θεός; podría parecer innecesario el uso del pasivo divino, pero realmente está resaltando el hecho que “llegar a ser” hijo de Dios, es el resultado del obrar omnipotente y creativo divino.


En Jn 1,12-13 se nos habla de la filiación divina o adopción que el creyente recibe. Ser cristiano significa, en primer lugar, ser hijo de Dios. Esta es la presentación, muy al estilo y lenguaje joánico, de la doctrina paulina de la theosis.

Aunque es muy conocida la diferencia entre la soteriología latina a la ortodoxa griega, manifestada en la diferencia entre las doctrinas de la justificación y la doctrina de la theosis o theopoiesis, no se puede negar que ambas parten de la visión soteriológica que Pablo tenía. La theosis enfatiza la acción por la cual Jesús diviniza al hombre, de ahí que la expresión theopoiesis, (literalmente: “el hacerse Dios”), sea más descriptiva. Uno de los principales autores orientales que elaboran esta doctrina es Gregorio Palamas.8

En Rom 8,17 Pablo enlaza los conceptos de filiación y glorificación. Aquellos que pueden llamar confiadamente a Dios abba (Rom 8,14), son llamados herederos y, en calidad de tales y padeciendo sufrimientos conjuntamente con Cristo, hijos de Dios. La filiación es presupuesto de la glorificación (υἱοθεσία). Sobre esto concepto en Rom, Otto Michel explica:

La conexión con la “filiación” (Sohnschaft) y “herencia” (Erbschaft) llama la atención a Dios mismo, quien determina el estado (die Stellung) y los derechos (das Recht) del niño (υἱοθεσία).9

Esta idea de filiación y glorificación es ampliada por Pablo con el concepto de transformación. Con él, Pablo se refiere no sólo a la adopción de una ética, o una afiliación religiosa, sino un cambio ontológico (cfr. Flp 3,21). Este cambio está ubicado en el plano de la esperanza escatológica (cfr. 1Cor 15,51-52). Afirmar que el creyente puede llegar a ser hijos de Dios, implica lo mismo que hablar, como Pablo, de la divinización del hombre.

Agustín resalta la presencia de la theosis en el texto joánico. En sus anotaciones, Agustín parte del hecho contradictorio a la lógica, interrogándose: ¿cómo puede Dios nacer de lo humano? Su reflexión parte y se centra en lo decisivo de este interrogar: el amor divino es la fuente de la divinización del hombre, contraparte de la humanización de Dios:

Estos, pues, no han nacido de la voluntad de la carne ni de la voluntad del hombre, sino de Dios. Mas para que nazcan los hombres de Dios fue preciso naciese Dios primero de los hombres. Cristo es Dios, y Cristo ha nacido de los hombres. Sólo se procuró madre en la tierra quien tenía ya Padre en los cielos. El mismo que, nacido de Dios, es nuestro Creador, es también nuestro Reparador, nacido de una mujer. No te extrañe, ¡oh hombre!, ser hijo de Dios por la gracia, no te extrañe tu nacimiento de Dios a semejanza de su Verbo. Es el mismo Verbo quien consintió nacer primero del hombre con el fin de cerciorarte más de tu divino nacimiento. Ahora sí que puedes preguntarte a ti mismo por qué razón quiso Dios nacer del hombre. Es que fue tanto lo que me amó que, para hacerme inmortal, quiso nacer El mismo por mí a una vida mortal. El evangelista, después que dijo: Ellos han nacido de Dios,como preveía nuestra extrañeza, nuestro asombro y estremecimiento en presencia de gracia tan singular, hasta el punto de parecemos increíble que los hombres nazcan de Dios, con el fin de darnos de esta verdad garantías de seguridad, prosiguió: Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. ¿Por qué extrañarse nazca de Dios el hombre? Mira que es el mismo Dios quien nace de los hombres: Y el Verbo se hizo carne y vivió entre nosotros.

Agustín, In Joannis evangelium tractatus, II, 15 [PL 35, 1395]

Papá de Immanuel y Tobías, esposo de Biviana, católico y teólogo. Profesor en dos universidades y miembro de varios grupos de investigación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *