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El endemoniado de Gerasa, entre lo simbólico y lo diabólico

“Fui buscado por los que no preguntaban por mí; fui hallado por los que no me buscaban. Dije a la gente que no invocaba mi nombre: Heme aquí, heme aquí”

Isaías 65,1

Introducción

En los evangelios sinópticos el tema del demonio, es un tema recurrente. Jesús aparece en numerosas ocasiones mostrando su poder y triunfando sobre enfermedades, liberando hombres del poder demoníaco y anunciando el reino de Dios. No obstante, este tema puede ser analizado desde diferentes enfoques: sociológico, psicológico, histórico- crítico, etc.; en esta ocasión se hará uso del análisis narrativo en un pasaje del evangelio de Lucas, presentando cómo desde la narratología el texto puede ser comprendido e iluminar la fe en el poder de Jesús.

Dentro de los textos narrativos se encuentra el evangelio de Lucas, escrito en el año 90 para una comunidad de la diáspora. Ya en el prólogo de Lucas (Lc 1,1-4) vemos rasgos de cómo fue su trabajo de redacción mediante el cual compiló información anterior, pues no es un testigo ocular, ni uno de los apóstoles. Sin embargo, se preocupó haciendo uso de la narrativa por llevar a los lectores a conocer a Jesús, el resucitado y su poder sobre el maligno. Así que, de este modo el texto más que una narrativa, es una narrativa- teológica. Aunque, al hablar de narrativa-teológica no estamos menospreciando el contenido, sino todo lo contrario, pues esto nos está invitando a descubrir el significado profundo y vital de los textos. Lo desfavorable sería ver una secuencia de sucesos sin mayor alcance y significado.

Es verdad que la explicación del sentido teológico de Jesús desde lo simbólico que etimológicamente, significa “cosas puestas juntas”- lo que une-, triunfando sobre lo diabólico -lo que divide o separa-, partiendo de algunos elementos del análisis narrativo de los textos no es sencilla, pero es precisamente esa dificultad la que debe animar el análisis. Al lector moderno puede resultar un texto cargado de un lenguaje extraño. Pero debe quedar claro que Lucas se mueve en otras coordenadas culturales y religiosas, para el autor el diablo no es una ficción, sin embargo recurre a un lenguaje simbólico para narrar y no propiamente se para en el plano de la historia.

Primera aproximación

Uno de los textos más conocidos y usados para hablar del demonio es el famoso relato titulado por la biblia de Jerusalén como El endemoniado de Gerasa, el cual será abordado con las herramientas del análisis narrativo desde la enunciación Lucana (Lc 8, 26- 35), tomada por este del evangelio de Marcos, abreviando y mejorando su estilo. La selección del evangelio de Lucas se da porque es el libro de la Sagrada Escritura donde aparece la palabra demonio con mayor frecuencia -de las 53 veces que aparece la palabra δαιμονια en el Nuevo Testamento, 23 se encuentran en san Lucas-, mostrando que es un tema fundamental para la comunidad Lucana. “A pesar de estar basado en otros textos el Evangelio de Lucas, es una obra con unidad interna, a la que su autor ha impreso de manera claramente visible el sello de su espíritu, de su arte literario y de su individualidad religiosa” (Schmid, 1968, p.22)

El narrador y la “voz” narrativa

En un primer acercamiento al relato, es notoria la intervención frecuente del narrador, que desde el principio comenta el desplazamiento de los personajes, continúa con el encuentro del hombre endemoniado con Jesús y va describiendo cada uno de los sucesos. El narrador es extradiegético, cuenta una historia de la que está ausente, pero además, es omnisciente, conoce los acontecimientos y procesos interiores de los personajes, por ejemplo, sabe que el hombre “tenía un demonio hace mucho tiempo”, describe los acontecimientos hablando en tercera persona, en algunos momentos entrega la palabra a los personajes como en el caso de las preguntas (¿Que tienes conmigo hijo del Dios altísimo?, ¿Cómo te llamas?). El narrador tiene una perspectiva próxima a los acontecimientos y narra los hechos como si ocurrieran ante los ojos del lector.

En cuanto a la “voz” narrativa, el texto del endemoniado de Gerasa está lleno de explicaciones del narrador quien considera que son necesarias para que el lector comprenda mejor los acontecimientos que rodean el encuentro de Jesús con el Hombre endemoniado. El narrador procede a intromisiones importantes en el relato, focaliza los diálogos, se encarga de comentar y completar por medio de glosas explicativas los datos que juzga insuficientes por sí solos, muestra por ejemplo que no es suficiente con las palabras del hombre a Jesús diciéndole: “Te ruego que no me atormentes”, pues cree necesario explicar el motivo del tormento, que es “había (Jesús) mandado al espíritu inmundo que saliese del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él”. Así pues, la función de la voz narrativa es aclarar detalles y establecer conexiones en el relato, buscando que el lector entienda los motivos para valorar correctamente los actos.

Este narrador conoce las situaciones de los personajes y quiere que el lector sea una especie de cómplice, evidenciando en toda la narrativa que tiene una clara intención: que el lector comprenda al hombre endemoniado como una persona que sufre, presentando sus problemáticas y carencias, como cuando se presenta al hombre “atado con grillos y cadenas” y cómo el demonio lo lleva al desierto (Lc 8,29). Aquí, el narrador quiere que el lector, entienda al hombre como quien recibe y es capaz de dar misericordia, incluso en la carencia interior, o en la particularidad de quien no entiende a Dios, llevándolo a configurar una perspectiva de hombre no sólo carente de ropa y hogar, sino sobre todo carente de Dios.

Los límites del relato

Dentro del análisis narrativo se conoce como límites del relato a la ubicación del relato dentro de la totalidad de la obra, en este sentido, el texto del endemoniado de Gerasa está ubicado en la tercera parte del macro-relato evangélico, es decir, de la totalidad del evangelio de Lucas, la parte conocida como el ministerio de Jesús en Galilea. Esta sección del macro-relato inicia en el versículo Lc 4,14 donde después de la preparación en el desierto, Jesús vuelve a Galilea y comienza su ministerio en la sinagoga de Nazaret, continúa con una liberación, luego una serie de sanidades y el llamado a los discípulos. Durante este trayecto en Galilea es que el itinerario de Jesús sufre una interrupción por el viaje a Gerasa.

El micro- relato anterior al que nos ocupa, es la tempestad Calmada (Lc. 8,22-25). Esta secuencia narrativa articulada por el personaje principal quien es Jesús, nos lo muestra cruzando el lago cuando de repente viene una “borrasca tal que la barca se anegaba y estaban en peligro”. Sin embargo, Jesús calma la tempestad y concluye con una pregunta a los discípulos y al lector ¿Dónde está vuestra fe? (Lc 8,25).

Después de calmar la tempestad se encuentra Jesús con un hombre al que el relato llama “un hombre de la ciudad poseído”. Cuando finaliza el encuentro (Lc 8,39) Jesús regresa a Cafarnaúm (Lc 8,40ª) ; el encuentro con el endemoniado inicia en Lc 8,26, se presenta un cambio de lugar -Gerasa- – criterio de lugar- , una introducción de nuevos personajes, como es el “hombre de la ciudad” – criterio de personajes- y una nueva situación de “exorcismo” – criterio de tema-. Criterios suficientes para establecer los límites del relato, pues por prudencia, convendrá contar con dos o tres criterios, en vez de determinar los límites de un micro-relato basándose en uno solo (Marguerat, 2000).

Así que la visita de Jesús a Gerasa tiene una única intención, enseñarle al lector que Jesús puede liberar al hombre que sufre, quien está atormentado por el mal exterior e interior, al que el autor llama demonio, y al que Jesús haciéndose presente, con sus elementos simbólicos (etimológicamente: lo que une) enfrenta los elementos diabólicos (etimológicamente: lo que divide) que preocupan al hombre, es decir, elementos de quien entiende, frente a quien no entiende la gracia y la salvación.

Una propuesta de análisis de cuadros para Lucas 8, 26 -39 y esquema quinario

En la narrativa bíblica, los cuadros son la unidad más pequeña de un micro-relato, entendiendo que “el cuadro cambia cuando el narrador hace ver otra cosa al lector, cuando le ofrece otra imagen de conjunto u otra porción de imagen” (Marguerat, 2000).

A continuación se presentan cada uno de los cuadros del relato que permitirán comprenderlo en un plano general, al mismo tiempo se presenta el esquema quinario, que en la narratología permite desde la perspectiva de Larivaille, comprender la estructura narrativa del texto enmarcada por la presencia de dos lindes narrativas, situación inicial y situación final, entre las cuales se establece una relación de transformación ubicada entre un nudo y un desenlace (Marguerat, 2000).

Cuadros y esquema quinario Lucas 8, 26 -39

A SITUACIÓN INICIAL (v.26- 27c) Jesús se encuentra con un hombre endemoniado

Cuadro 1 (v. 26) Llegan al otro lado del lago -Ubicación – Oposición

Cuadro 2 (v. 27a) Desciende él (Jesús) a tierra

Cuadro 3 (v. 27b) un Hombre de la ciudad viene a su encuentro

Cuadro 4 (v. 27c) Descripción de la situación del hombre – Tenía un demonio (1) – Ropa no vestía (2) – En casa no moraba Sino en los sepulcros (3)

B NUDO (v.28ª -29) Pregunta – tormento y esclavitud del hombre

Cuadro 5 (v. 28a) El hombre mira a Jesús – Efecto (Grito y postración) – Dijo:

Cuadro 6 (v.28b) Pregunta (1) el hombre ¿Que tienes conmigo hijo del Dios altísimo? + Ruego (1) – No me atormentes (1)

Cuadro 7 (v.29) comentario explícito del narrador (El lector comprende la pregunta del hombre a Jesús gracias a la explicación del narrador)

C ACCIÓN TRANSFORMADORA (turning point). (v. 30ª – 32 c) La intervención de Jesús.

Cuadro 8 (v.30a) Pregunta (2) Jesús – ¿Cómo te llamas?

Cuadro 9 (v.30b) Respuesta el hombre: Legión (Comentario explícito del narrador: Porque demonios muchos habían entrado en él)

(Narrador)

Cuadro 10 (v.31) Ruego (2) de los demonios para no ser enviados al abismo.

Cuadro 11 (v.32 a) Descripción de escenario.

Cuadro 11 (v.32b) Ruego (3) de los demonios para poder entrar en los cerdos.

Cuadro 12 (v.32 c) Autorización de Jesús.

B1 DESENLACE (v. 33 – 34) Libertad interna del hombre – movimiento hacia afuera de los demonios.

Cuadro 13 (v.33) Libertad interna del hombre – movimiento hacia afuera de los demonios. Movimiento hacia adentro (de los cerdos).

Cuadro 14 (v.34) Por parte de los demonios. Efecto del desplazamiento – en los cerdos. Efecto del desplazamiento en los cuidadores y anunció a la ciudad.

A1 SITUACIÓN FINAL (v.35- 39) Un hombre libre se sienta ante Jesús

Cuadro 15 (v.35 a – e) Posición frente a Jesús / Encuentro con el hombre- nueva descripción – (1) de quien los demonios habían salido – (2) vestido – (3) sentado a los pies de Jesús.

Cuadro 16 (v. 35f -36) Miedo de la población – Testimonio de los que habían visto

Cuadro 17 (v.37) Ruego (4) de la multitud – Para que Jesús se marche – Jesús sube a la barca y regresa.

Cuadro 18 (v.38 a) Ruego (5) El hombre le ruega que le deje estar con él. – Jesús despide al hombre

Cuadro 19 (v. 39) Envió de Jesús a la casa (Misionero autorizado por Jesús) – El hombre anuncia a la ciudad

Toda la narración Lucana está estructurada para que el lector no pierda ninguno de los detalles. El narrador maneja todo el episodio con una serie de comentarios explícitos, que dinamizan cada uno de los micros-relatos, nos ha preparado para el encuentro de Jesús con el endemoniado hasta llegar a convertirlo en el misionero en la región de Gerasa.

Los cinco ruegos dirigidos a Jesús

Desde el análisis de cuadros es posible notar que el evangelista presenta cinco (5) ruegos por parte de los personajes que aparecen en el relato a Jesús, los cuales se analizarán a continuación:

Ruego (1) Cuadro 6 – del hombre endemoniado – Te ruego que no me atormentes.
Ruego (2) Cuadro 10 – De los demonios – Le rogaban que no los mandase a ir al abismo.
Ruego (3) Cuadro 12 – De los demonios – Le rogaban que los mandase a los cerdos.
Ruego (4) Cuadro 17 – De la multitud – le ruega- pide a Jesús que se marchase.
Ruego (5) Cuadro 18 – Del hombre libre- le rogaba que le dejase estar con él.

Cada uno de los 5 ruegos recibe una respuesta de Jesús, el primer ruego por parte del hombre endemoniado a Jesús es, “te ruego que no me atormentes”. La presencia simbólica -que une- de Jesús atormenta al hombre endemoniado, sumergido en lo diabólico -lo que separa- , es decir, en todo aquello que lo separa de sí mismo, su relación con la sociedad y con Dios, pero la intención de Jesús es no atormentarlo, sino liberarlo, llenarlo de gracia, iluminando su oscuridad y la de todo aquel que permanece en la sombra, para hallar aquí, la salvación. Así es que vemos a Jesús, no como el que atormenta sino como el que libera, el que salva.

El segundo ruego es el de los demonios que ruegan a Jesús no ser enviados al abismo. “En la versión de los LXX, αβψσοσ es la traducción más frecuente del hebreo tehom, que, en la cosmología del Antiguo Testamento, designa «las aguas primordiales» o las aguas bajo la superficie de la tierra, símbolo del caos originario sometido por el Creador” (Fitzmyer, 2005). Por supuesto Jesús les concede su petición y no los envía al abismo. Inmediatamente después, el siguiente ruego es también de los demonios que le piden a Jesús los envié a los cerdos, y así les es concedido por él.

En esta misma dinámica, la multitud le ruega a Jesús que se marche y él les concede su petición marchándose de la región. Sin embargo, curiosamente en la situación final, el hombre le ruega a Jesús que lo deje ir con él, la diferencia es que en esta oportunidad Jesús se niega y no se lo permite. Pero, ¿Por qué? ¿Por qué Jesús cumple los ruegos de todos, aún los de los demonios, y no el ruego del hombre que hizo libre, el que se sentó a sus pies, el que se hizo discípulo? Porque el discípulo debe cumplir las peticiones de su maestro y no el maestro las del discípulo.

El hombre cambia su praxis, al encontrarse con Jesús como discípulo, y permitir que su vida sea un todo para el maestro, quien es luz de los sin luz, esperanza de los sin esperanza, y hogar de los sin hogar.

Mientras que en el relato los opositores reciben respuesta a sus ruegos, el discípulo recibe una misión, ser discípulo, pues lo fundamental del relato no es en palabra de Erich Fromm, que el hombre ha sido “liberado de” sino “liberado para” (Fromm, 2009). Tal vez, sea la oportunidad para replantear el seguimiento a Jesús, quien ha llegado para quedarse, liberar y sanar.

Esquema quinario relaciones entre las secciones narrativas

El esquema quinario es una figura de composición en la cual los elementos en relación dos a dos están dispuestos paralelamente y en el centro podemos descubrimos la intencionalidad del autor. Marguerat presenta estas relaciones (Marguerat, 2000) aunque no las desarrolla, aquí se desarrollarán las relaciones entre las partes del esquema quinario.

A SITUACIÓN INICIAL (v.26- 27c) Jesús se encuentra con un hombre endemoniado

B NUDO (v.28ª -29) Pregunta – tormento y esclavitud del hombre

C ACCIÓN TRANSFORMADORA (turning point). (v. 30ª – 32c) La intervención de Jesús.

B1 DESENLACE (v. 33 – 34) Libertad interna del hombre – movimiento hacia afuera de los demonios.
A1 SITUACIÓN FINAL (v.35- 39) Un hombre libre se sienta ante Jesús

A – A1. Libre vestido y sentado a sus pies (Tres carencias – Tres bienes) – Situación inicial y situación final

El texto inicia diciendo que “arribaron a la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a Galilea”, la palabra – opuesto — es un hápax – palabra que sólo se encuentra documentada una vez en todo el Nuevo Testamento- que indica no sólo una ubicación topográfica sino la división de dos mundos, el paso del judaísmo a la gentilidad, el paso de lo diabólico -lo que me separa del otro- a lo simbólico -lo que me une al otro- Es decir, Gerasa se convierte en un lugar teológico que da identidad salvífica al que se arriesga y quien es capaz de salir al encuentro con el otro para liberarlo. Gerasa es lo distinto, lo opuesto, una comunidad que no cumple la ley, lo que se muestra en la crianza de cerdos y una comunidad de muerte el lugar de los sepulcros. Aquel lugar donde para llegar es necesario, pasar en medio de los obstáculos, la tormenta, la oscuridad interior, la necedad, pero ante todo la confianza plena en la luz.

Por otro lado, Gerasa es una región donde los discípulos no son capaces de entrar, el narrador los desaparece de la escena ¿Será que quiere mostrar que tienen miedo a encontrarse con el otro? o ¿será la dificultad de dar el primer paso? Pues seguirá resonando analépticamente la pregunta de Jesús a los discípulos ¿Dónde está vuestra fe? no lo sabemos; sin embargo, aunque el narrador en el texto omite a los discípulos, es Jesús quien toma la iniciativa de salvar al hombre en su integridad.

¿Cómo encontró Jesús el hombre que necesita ser salvado?. Tenía un demonio (1) – Ropa no vestía (2) – En casa no moraba Sino en los sepulcros (3)

El narrador nos deja ver al personaje como un hombre de la ciudad, no es primero “un endemoniado”, antes que endemoniado es un hombre, pues es importante no deshumanizar al personaje, ya que es un hombre de la ciudad atormentado. No tiene nombre, está desnudo y no tiene hogar “vive en los sepulcros”.

Atormentado interiormente y exteriormente. El primero debido al mal interior y el segundo por una sociedad , un imperio que rechaza al que no comprende, por lo que, lo envía a los sepulcros, a un entorno de muerte. Aquí, “lo demoníaco como angustia, se refugia en el mal y anhela el mal que padece; se encierra en sí mismo y teme ser aniquilado por el bien” (como se cita en Varo, 1995). El hombre no mora en la casa. Él mismo es una casa de oscuridad que perturba. El hombre viene al encuentro, éste que está sin ropa y sin hogar, hombre de la ciudad, invadido por el mal, sale al encuentro con Jesús.

En Jesús cada una de las carencias son convertidas en bienes – De quien los demonios habían salido (1) – (2) vestido – (3) sentado a los pies de Jesús- . El hombre tiene demonio y es liberado, el hombre no tiene ropa y aparece vestido, el hombre no tiene casa pero aparece a los pies de Jesús. Es Jesús el hogar del discípulo, es Jesús el lugar seguro para el que se siente a la deriva y a la intemperie y esto se acentúa en el momento del envío, de la misión. Jesús lo manda a su casa y a los suyos, pero él no fue a su casa “se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho con él Jesús” Lc 8,39, ya que por donde camine se sentirá en casa, pues habita en Jesús y Jesús en él.

B- B1. Tormento y esclavitud del hombre- Libertad interna del hombre (Nudo – desenlace)

El hombre mira a Jesús y el efecto de mirarlo es un grito, el que sufre grita en su angustia y pregunta ¿Qué tienes conmigo hijo del Dios altísimo?, el hombre endemoniado se siente atormentado ante la presencia de aquel que lo puede liberar, lo atormenta ser libre, lo atormenta alejarse del mal al que se ha acostumbrado, el que lo sostiene con cadenas las cuales rompe exteriormente pero a las que sigue atado en su interior, el mal que lo lleva al desierto lo debate entre en amor a ser libre y una pulsión casi patológica a lo que lo destruye, como una pulsión de muerte. No obstante, en el desenlace el hombre es desprendido de sus demonios y estos cobran voz propia, se rompe la relación hombre- demonios, y los demonios se manifiestan y se desplazan a su lugar, a los cerdos, que para el judaísmo representa lo impuro, animales impuros, así que los demonios se van con la impureza a un barranco al encontrarse con Jesús.

C. Acción transformadora (turning point). (v. 30ª – 32c) La intervención de Jesús ¿Cómo te llamas?.

La acción que hace Jesús para transformar a un hombre endemoniado en un discípulo, la encontramos en el centro del relato. Jesús le pregunta al hombre ¿cómo te llamas? Cabe aclarar que en el judaísmo preguntar por el nombre, es una pregunta que hace referencia a la misión, a la esencia del sujeto. Preguntar ¿Cómo te llamas? es igual a preguntar ¿cuál es tu misión, cuál es tu esencia? Este no puede responder con claridad, responde con una especie de categoría numérica “legión”, es decir, no existe claridad sobre su misión, no sabe cuál es su esencia.

Aquí hallamos, la voz de lo diabólico, que difumina la identidad del discípulo, la apertura a la unidad, sin embargo, interrogar al hombre, su esencia, su misión e identidad, hace que el hombre comprenda a Jesús en su vida y despierte a la praxis en la construcción del Reino de Dios. Jesús se hace presente en Gerasa en representación de lo simbólico, quien en un acto de amor, se encuentra con lo diabólico y configura una praxiología de lo simbólico, como elemento unificador mediante el cual el sujeto se comprende desde Cristo, y no desde sus demonios, que a la larga, solo traen perturbación interior o exterior, es decir, distracción de quien es verdadero hombre.

A modo de conclusión

El relato deja ver el poder de Jesús para liberar del mal al ser humano, dando vestido al desnudo, hogar al sin hogar y libertad al atormentado por sus demonios. Jesús pasa por la Gerasa de cada ser humano para preguntarle en medio de su sufrimiento ¿Cómo te llamas? ¿Cuál es tu misión? cuestionamiento absolutamente introspectivo y reflexivo, que pide la respuesta de quien escucha la voz, y quien permite configurarse con Cristo, cuando son dispersados los demonios y apaciguando al espíritu de quien se siente libre, alegre, y paz.

Por lo cual, en la lucha día a día contra los demoníaco de nuestra sociedad y de nosotros mismos, se hace pertinente remembrar que la vida cristiana es una lucha, una lucha bellísima, porque cuando el Señor vence en cada paso de nuestra vida, nos da una alegría, una felicidad grande: esa alegría que el Señor ha vencido en nosotros, con la gratuidad de su amor.

Sea esta la oportunidad de salir al encuentro como el hombre de la ciudad,con los otros, con todas las carencias e impurezas, que perturban el encuentro con Jesús y al mismo tiempo, distraen el espíritu de quien quiere vivir como discípulo, anunciando por la ciudad la Buena Nueva del Reino de Dios; sin duda la tarea de vivir el paradigma simbólico no es fácil, pero es mejor camino vivir en simbólico -lo que nos une- de Jesús, a Jesús y a los otros y no en lo diabólico -lo que nos divide- y nos separa del otro y de nosotros mismos.


Referencias

  • Fitzmyer, J. (1987) El evangelio según san Lucas. Madrid, España: Ediciones Cristiandad.
  • Marguerat, D. y Bourquin, Y. (2000) Cómo leer los relatos bíblicos, introducción al análisis narrativo. Santander, España: Sal Terrae.
  • Schmint, J. (1968) El evangelio según san Lucas. Barcelona, España: Editorial Herder
  • Varo, F. (1995) Acercamientos psicoanalíticos a la lectura de la Biblia Scripta Theologica (27), 149-162.
  • Fromm, E. (2008) El miedo a la libertad. Barcelona, España: Ediciones Paidós

Agradecimientos

Al profesor Carlos Andrés Garnica por sus aportes desde la perspectiva teológica, a las profesoras Martha Arias y Alejandra Pinilla por leer el texto contribuyendo con sugerencias de estilo y a los estudiantes de exégesis bíblica 2017-2 por sus participación en el análisis narrativo del endemoniado de Gerasa.

Docente universitario y Youtuber (El Dinosaurio de Noé), Doctorando en Psicología, Magister en Teología de la Biblia, Especialista en pedagogía, Biblista del Instituto Bíblico Pastoral Latinoamericano (IBPL), estudios en Teología.

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