silhouette of people on beach during sunset

The rapture begins

Con este artículo empezamos a tratar diferentes perspectivas de una doctrina polémica: el rapto. Voy a desarrollar este tema en cuatro artículos más. En esta oportunidad les invito a observar los aspectos hermenéuticos e históricos del tema, así como a iniciar la revisión y análisis de los pasajes escriturísticos que la sustentan. Este análisis se realizará usando los instrumentos y enfoques proporcionados por la exégesis bíblica. El estudio se presentará de tal forma que pueda ser seguido por personas que no estén familiarizadas con estas aproximación, su lenguaje y resultados. En el quinto y último artículo se darán las conclusiones generales y la bibliografía que se usará en todos los artículos, citada de forma abreviada en todos ellos y en este artículo.

Uso intencionalmente un título en inglés para indicar la identidad religiosa norteamericana que marca profundamente esta doctrina dispensacionalista. Si bien el pensamiento escatológico no es propio de algún movimiento o escuela de pensamiento cristiano vigente sino del pensamiento y la vida cristiana en general, y especialmente deudor y original de los cristianismos primitivos (y del judaísmo formativo), la doctrina del rapto sí tiene una hermenéutica muy característica del misticismo norteamericano. Esta es la razón que sustenta el título en inglés para los cinco artículo que van a conformar esta serie, y que inician ahora.

La historia de la doctrina y la doctrina de la historia

La doctrina del rapto o arrebatamiento aparece en 1 Tes 4,16-17. Como veremos, en el esquema narrativo de la apocalíptica paulina no se presenta la doctrina sobre el reino de mil años de Cristo y los santos sobre la tierra. Esta última doctrina aparece en el esquema narrativo de Ap 20,1-15, donde tampoco aparece la doctrina del rapto. En Ap 12,5 se habla del rapto pero con un sentido muy diferente: del rapto del hijo de la mujer. El rapto en el contexto de una expectativa de la parusía solo se da en 1Tes 4,16-17. Por decirlo de una forma sencilla: Pablo no habló del milenarismo; Juan, el vidente, tampoco “vio” el rapto. En vano se buscará en la biblia hebrea un relato que presente ambas doctrinas unidas.

La apostasía, doctrina clave para hablar de la “gran tribulación”, aparece en 1 Mac 2,15 y Dan 9,26; 11,31-39: textos donde tampoco se habla del rapto. Ni siquiera en 2 Tes 2,1-12, donde se presenta la parusía junto con la apostasía y, por su referencia a 1 Tes 4,16-17, también el rapto; pero no se habla del reino de mil años. A despecho de lo que muchos piensan, en los relatos evangélicos sobre el tema, en el así llamado apocalipsis sinóptico (Mc 13|Mt 24—25|Lc 21), no se habla sobre el rapto. Mt 24,40-42 describe un fenómeno diferente a 1 Tes 4,16-17.

Al unir la lectura de estos pasajes, muchos creyentes tienden a pensar que el arrebatamiento será un proceso de selección y juicio, donde serán tomados quienes sean aprobados, mientras que serán dejados quienes sean condenados. En esta interpretación no se tiene en cuenta que en 1 Tes 4,16-17 no se habla del rapto como un proceso de juicio y selección; tampoco se nota que el juicio y la división entre aprobados y reprobados se da solo en Mt 25,32-33, la narración continúa hasta el v. 46: un pasaje que no aparece en ningún otro evangelio.1

Con todas estas rápidas anotaciones no queremos generar un escepticismo respecto al rapto, tampoco sobre el reino de mil años. Solo nos proponemos fijar la atención sobre la importancia que revisten las diferentes presentaciones que ambas doctrinas tienen en los textos apocalípticos de la biblia cristiana.

No siempre se ha mostrado esta sensibilidad a los detalles y rasgos de la doctrina sobre el rapto. Ejemplo de ello es la historia de la iglesia antigua.2 Es posible realizar una cartografía de las diferencias de opinión sostenidas entre los padres de la Iglesia.3

En Asia Menor predominó el modelo del Apocalipsis de Juan con testigos como Papías y Tertuliano (HE III, 39,12),4 así como herejes como Cerinto y Montano (HE III, 28,4), o con pensadores más ortodoxos como Dionisio de Alejandría (HE VII, 24,3-5), este último un verdadero experto antiguo en el libro del Apocalipsis. La iglesia romana ha rechazado abiertamente en su magisterio esta interpretación milenarista (DS # 3839), por entenderla como la presentación de un pseudomesianismo, al cual ha identificado con la apostasía.

En Siria y Egipto predominó un modelo henóquico. Este nombre proviene de los cálculos astrológico-esotéricos ofrecidos en 1Henoc (Hen[et]), texto que reflexiona sobre las setenta semanas de Daniel. Exponentes de esta interpretación son Teófilo de Antioquía, Ireneo de Lyon e Hipólito y el místico franciscano del siglo XII Joachim de Fiore.5 De esta casta de místicos milenaristas de las siete dispensas son herederos los puritanos norteamericanos.6

Los debates dispensacionalistas entre pre-milenaristas y milenaristas que, si quisiéramos ser más exactos los deberíamos denominar pre-tribulacionistas y tribulacionistas, por su obsesión en la cronología exacta del rapto y su juicio inmediato, antes o después de la gran tribulación,7 comenzaron con los trabajos de Philip Doddridge, John Gil y los ensayos de Morgan Edwards y Emmanuel Lacunza, este último, jesuita, que usaba a finales del siglo XVIII el pseudónimo de Juan Josafat ben Esdras.8

Pero sin duda la doctrina del rapto, entendida ya como aquella en la que se mezcla la parusía con la apostasía con cálculos septenarios, es obra de John Nelson Darby; siendo comercializada por sus publicistas Matthew Henry en su Comentario Bíblico, y Cyrus I. Scofield con su Biblia de Estudio, publicado por la Universidad de Oxford.

No queremos enfocarnos en las discusiones dispensacionalistas y sus argumentos. Su obsesión no es la nuestra.9 Preferimos lanzarnos inmediatamente sobre la doctrina del rapto, buscando escucharla tal y como la describe Pablo, el apóstol de la justificación por la fe y el futurólogo del rapto.

Los textos bíblicos y sus lecturas

En la siguiente interpretación de los textos bíblicos que ofrecemos y especialmente de 1Tes 4,13—5,11, nos alejamos de la tendencia generalizada que comprende la enseñanza paulina sobre la resurrección de los muertos como una que no tiene acentos apocalípticos.10 Por el contrario, sostendremos que el pasaje mencionado de 1Tes expone no solo la escatología paulina,11 sino también el corazón del mensaje del futurólogo Pablo: la revelación sobre la parusía.12

1Tes 4,16-17:

16 Porque el mismo Señor con clamor, con voz de arcángel y sonido de la trompeta de Dios bajará del cielo (καταβήσεται ἀπʼ οὐρανοῦ), y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar, 17 después nosotros, los que vivamos, los restantes, seremos arrebatados en las nubes (ἁρπαγησόμεθα ἐν νεφέλαις), junto con ellos, al encuentro el Señor en los aires (εἰς ἀπάντησιν τοῦ κυρίου εἰς ἀέρα). Y así estaremos siempre con el Señor.13

En este texto aparecen los elementos de la apocalíptica paulina, a saber, el descenso desde el cielo, la resurrección de los muertos, el arrebatamiento de los creyentes que han quedado y el encuentro en los aires con el Señor. Vamos a dirigir todos nuestros comentarios hacia estos elementos, su teología, conexión y aparición en otros textos paulinos, así como en el resto de la biblia cristiana.

En el v. 16, el descenso desde el cielo está indicado por la señal del clamor con el cual Cristo convoca a los muertos. Las tres señales representadas por el clamor (ἐν κελεύσματι), la voz del arcángel (ἐν φωνῇ ἀρχαγγέλου) y el sonido de la trompeta (ἐν σάλπιγγι θεοῦ), pueden ser entendidas como fenómenos simultáneos.

Nótese la construcción gramatical de la primera parte del v. 16, donde el verbo “descender” (καταβαίνω) está coordinado con los sustantivos “voz de mando, orden” (κέλευσμα), “voz” (φωνή) y “trompeta” (σάλπιγξ).

Porque el mismo Señor en clamor, en voz de arcángel y en sonido de la trompeta de Dios descenderá del cielo…

ὅτι αὐτὸς ὁ κύριος ἐν κελεύσματι, ἐν φωνῇ ἀρχαγγέλου καὶ ἐν σάλπιγγι θεοῦ, καταβήσεται ἀπʼ οὐρανοῦ…

Los tres fenómenos o señales que aparecen describen el modo de la acción descrita por el futuro de indicativo καταβήσεται (“descenderá”) que inicia, precisamente, en esa serie de sustantivos en dativo: ἐν κελεύσματι, ἐν φωνῇ… ἐν σάλπιγγι… Además, estos sustantivos remiten a fenómenos acústicos, en este caso de proporciones cósmicas, que describen en la biblia hebrea la aparición del Señor (cfr. Joel 3,16), pero nótese que en este pasaje la voz proviene de Jerusalén, no del cielo.

La voz de mando está referida al llamado de Cristo hace a los creyentes, a los muertos tanto como a los vivos. La resurrección de los muertos, así como el arrebatamiento de los vivos, tiene un único fin: responder al llamado de Cristo, saliendo a su encuentro en el aire.

En este pasaje Pablo no introduce explícitamente el tema del juicio final, que es uno universal, como si lo hará en 2 Cor 5,10. Por un lado, los muertos que resucitan y los que son arrebatados son solo aquellos que fueron creyentes y, por otro, ellos salen al encuentro del Señor (ἀπάντησις) para permanecer en ese estado para siempre. El que se describa que dicho encuentro se realiza en el aire, solo refuerza la impresión de que Pablo está pensando que el descenso del Señor es casi simultáneo con el encuentro con los creyentes. Esta impresión es reforzada por las frase en dativo de 1 Cor 15,52: “en un instante” (ἐν ἀτόμῳ), “en un pestañear de ojos” (ἐν ῥιπῇ ὀφθαλμοῦ), al “sonar de la última trompeta” (ἐν τῇ ἐσχάτῃ σάλπιγγι). Expresiones todas utilizadas para señalar la resurrección de los muertos y la trasformación (ἀλλάσσω) de los creyentes que la parusía encuentre vivos.

Esta última idea es confirmada por la argumentación que Pablo desarrolla desde el 1 Tes 4,13. Al parecer, los creyentes de la iglesia de Tesalónica habrían remitido a Pablo algunas inquietudes sobre el destino de los muertos de la comunidad, ¿por medio de Timoteo (cfr. 1 Tes 3,6)? Tal vez entre las noticias traídas por Timoteo podrían estar las preguntas a las que Pablo contesta en 1Tes 4,13—5,11. Entre ellas podrían estar: ¿Dios dejaría a los muertos en el hades (cfr. 1 Tes 4,14)?, ¿los salvaría primero que a ellos (cfr. 1 Tes 4,15)? En especial, 1 Tes 4,15 confirma nuestra impresión. El contenido la “palabra del Señor” (λόγος κυρίου) que Pablo ha recibido (¿por la tradición? ¿por revelación?), indica que los creyentes vivos no se adelantarán a los muertos. Los vv. 16-17 no solo lo explican en detalle, sino que también parecen ser la descripción de aquella palabra del Señor recibida por Pablo.

Existe una gran incertidumbre sobre este tema y las opiniones expertas discrepan entre sí. Algunos exégetas piensan que la frase λόγος κυρίου se refiere a una agraphon de Jesús.14 Otros, que es un dicho de Jesús (¿de Q?).15 Y aún otros consideran que es una revelación del Cristo resucitado por medio de un profeta.16 Finalmente, una nada despreciable cantidad de exégetas son escépticos al respecto.17 Me parece injustificado tal escepticismo por dos razones: ya Pablo se refiere a esta misma experiencia con el vocablo “misterio” (μυστήριον) en 1 Cor 15,51; y todas las veces que Pablo se refiere a las palabras de Jesús, por ejemplo: 1 Cor 7,10; 9,14; 11,23-25, nunca utiliza esta frase λόγος κυρίου, que tiene el claro sello de la fórmula oracular de la biblia hebrea para referir revelaciones divinas (cfr. Is 38,4). En los LXX, la frase griega λόγος κυρίου traduce la frase hebrea דבר־יהוה.

Lo que la venida del Señor sea para Pablo, él mismo lo explica en 1 Tes 4,16—5,11. Por un lado, como imagen la parusía implica el descenso del Señor y su encuentro con los creyentes. Esta misma idea se va a exponer en 1 Cor 15,24-28, con el lenguaje del gobierno y sometimiento de “todas las cosas”. Por otro, para Pablo la exposición sobre el tema de la parusía también implicaba hablar sobre el tiempo de su aparición. Respecto a esto último, Pablo sostiene la misma posición que Jesús, según la tradición sinóptica: su irrupción será súbita, inesperada; ninguna señal dará aviso sobre su acercamiento (1 Tes 5,1-3; cfr. Mc 13,32-37; Mt 24,36-41; Lc 17,20-31).18 Ante ella y lo inesperado de su llegar, solo resta vigilar (1 Tes 5,4-10; cfr. Mc 13,35-37; Mt 24,42-44).19

La parábola de la higuera (Mc 13,28-31) y los ejemplos de Noé (Mt 24,36-37; Lc 17,26-27), de Lot (Lc 17,28-30), del diluvio (Mt 24,38-39) y de los dos hombres que están trabajando en el campo (Mt 24,40-41; Lc 17,31-32), solo dan plasticidad y vida a la paradoja de la parusía inesperada y súbita del Señor. Nótese las diferencias entre Mt 24,40-41; Lc 17,31-32: el ejemplo de los hombres que están en el tejado mientras ocurre el arrebatamiento, y de los que están en el campo (vv.31-32), está colocando dentro del ejemplo de Lot (vv.28-33). Esto se debe, indudablemente, a la labor redaccional de Lucas sobre los materiales de Q.20 Obsérvese también que estos ejemplos que ilustran la súbita presencia de la parusía ocurren en las tradiciones cristianas más antiguas: Mc, Q y Pablo.

Aquí resulta interesantísima la aplicación ética que Pablo le da al motivo escatológico de la armadura de Dios. Este giro ético de temas escatológicos es característico de Pablo.21 En 1 Tes 5,8, así como en Rom 13,12-14, la armadura se presenta como explicación de aquello que Pablo quiere enseñar sobre la vigilancia que el creyente debe tener como actitud ética ante la evidencia de lo inesperado de la parusía. En otras palabras, si no se puede saber exactamente cuándo va a ocurrir la parusía, y ninguna señal ni revelación la preanunciará (cfr. Mc 13,28-32.33-37), entonces solo resta “ponerse” la armadura, esto es, vigilar y guardar la propia conducta.

Jesús rechaza toda especulación cronológica que recurre a tradiciones esotéricas y oraculares, tan comunes en la literatura apocalíptica judía (cfr. Mc 13,32). La cronología del fin del mundo no tiene ningún tipo de señal, ni revelación ni mensajero, que la preanuncien. La advertencia de Jesús solo resalta lo que se viene explicando de forma enigmática desde el v. 28 con la parábola de la higuera, que es, a su vez, explicada en los vv.34-37 con la parábola del hombre que se ausenta de su hacienda y deja a los esclavos a cargo de ella.22

Pero el apóstol de los gentiles no solo explica en 1 Tes 4,16—5,11 lo que sabe de la parusía. En 1 Cor 15,52 retoma el desarrollo de este concepto. El estudio sobre este último texto y otros será abordado en el siguiente artículo.

Papá de Immanuel y Tobías, esposo de Biviana, católico y teólogo. Profesor en dos universidades y miembro de varios grupos de investigación.

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