¿Podemos conversar?

 
 

Bienvenidos al primer episodio de “Notas sueltas”, el podcast del Cancionero Cristiano.

Este es un espacio en el que quiero invitarlos a compartir ideas y experiencias en torno a la fe cristiana. Es un espacio para conversar.

Y precisamente hay una pregunta que llevo bastante tiempo haciéndome… ¿podemos conversar?

O sea, obviamente hay muchos espacios para conversar en el siglo XXI. En este momento, en Colombia, llevamos casi 5 meses encerrados en casa y tal vez hemos usado más que nunca los medios digitales para mantenernos en contacto con el mundo exterior. Es que definitivamente la capacidad de conectarnos por medio de internet cambió el mundo que conocíamos. Yo tengo 37 años y cuando era un niño de unos 5 o 6 años recuerdo había solo una señora en todo el barrio que tenía un teléfono y nos cobraba por ir a recibir una llamada de mi papá, que a su vez hacía la llamada desde una cabina telefónica en algún pueblo cafetero, en las épocas de cosecha de café. Me imagino la cara de incredulidad de mi hijo cuando crezca y le cuente esta historia. Él ve todos los días a las abuelitas por medio del celular sin límite de tiempo. 

Las redes sociales nos abrieron la posibilidad de contactarnos con otros. Y los cristianos han sabido aprovechar esto, creando cientos de miles de páginas, foros, grupos, canales, como se quiera llamar. El propósito: difundir el evangelio. O al menos eso es lo que dice la descripción, porque cuando uno se asoma a los comentarios, tiene más cara de una batalla campal. Todos se contradicen, se tratan de ignorantes, de apóstatas, se acusan de no leer la Biblia, de no estudiar lo suficiente, de no considerar el contexto. El contexto, esa palabreja tan amada por los cristianos cuando les contradicen cualquier cosa.

En fin, en toda esa pelea de sordos… ¿será que podemos conversar? Insisto con la pregunta, porque a mí me gusta conversar. Seamos honestos, uno forma sus convicciones en la fe con tiempo y esfuerzo. O sea, si estás escuchando esto y llevas algunos años en el ambiente cristiano, haces parte de una iglesia, lo que sea… sabes que estudiar la Biblia es algo que se predica en todas partes, se promueve y es parte de los planes de crecimiento de cualquier iglesia cristiana.

A eso se le invierte tiempo, tanto de los que enseñan como de los que aprenden, hay cursos, sesiones de entrenamiento, discipulados, células de estudio… los formatos son diferentes pero creo que ustedes entienden la idea. Eso sin contar que los más gomosos, o los más interesados, también estudian por su cuenta, investigan, leen libros, ven videos en Youtube, y empiezan a encariñarse con cierta área específica del conocimiento bíblico: puede ser apologética, ciencias bíblicas, hermenéutica, evangelismo, etc.

Claramente, son muy pocos los que logran llegar a una formación profesional en teología, un seminario, o una educación formal en Biblia, propiamente hablando, pero todos sabemos nuestras cosas, hemos estudiado, adquirido conocimiento, evaluado ideas… o al menos hemos memorizado las clases que nos dieron pues, en todo caso, alguito sabemos.

Pero a la hora de unirse a una conversación propuesta en algún post de Facebook, un tuit, en la sección de comentarios de Youtube… empiezan a aparecer cosas interesantes. Por un lado, no falta el que quiere hacer sentir a todos que están equivocados, “les hace falta leer” dicen estos personajes. Yo creo que los que dicen “les hace falta leer” realmente quieren decir “deberían leer lo que yo he leído”, porque leer, pues todos sabemos leer. Otro personaje curioso es el que empieza a lanzar versículos a diestra y siniestra para apoyar su punto de vista… como si nosotros no tuviéramos también la misma Biblia. O sea, amigo, todos hemos leído los versículos, ojalá la solución fuera tan fácil.

Pseudocristianos, progres, liberales, relativistas, falsos profetas… son los calificativos de un lado. Fariseos, legalistas, fundamentalistas, fanáticos… son los calificativos del otro. Y entre uno y otro creyendo que tienen la razón, y que los otros son unos idiotas por no entender lo que OBVIAMENTE es lo correcto, es decir, lo que pensás vos, lo que has estudiado, la conclusión a la que llegaste (o que te hicieron aprender)… no es posible que no lo vean! Es tan obvio, es lo que dice la Biblia…

¿Y si conversamos? Les decía que tengo casi 40 años. Aprendí a leer antes de los 5 y lo primero que hizo mi papá fue comprarme una Biblia para que no me pusiera a leer cosas que no valieran la pena. Me crié entre fundamentalistas y me dieron teología sistemática en el tetero. Me aprendí todas las explicaciones de la “sana doctrina” y cuando me hice adulto empecé a formar mis propias convicciones. Esas convicciones se han movido en algunos terrenos con el paso de los años, pero en lo fundamental creo que hay ideas doctrinales a las que no voy a renunciar jamás. Estoy diciendo todo esto para explicar dos cosas:

La primera, es que a estas alturas de la vida, no es tan fácil que un comentario de Facebook me haga recapacitar sobre un error doctrinal. Se necesita mucho más que eso cuando uno tiene inquietud o curiosidad sobre un tema para cambiar de punto de vista. O sea, no intentes discipularme, yo quiero es conversar.

Segundo, normalmente parto del supuesto de que la persona que está al otro lado de la pantalla tiene un proceso parecido en su propia experiencia de fe. Es decir, si te metes a una conversación en redes sociales, con lo agresivo y hostil que todos sabemos que se puede volver ese ambiente, es porque tenés con qué responder. O al menos te tienes la suficiente confianza para argumentar en temas bíblicos. Entonces, tienes algo interesante para decir, al menos tienes ideas a las que les has metido reflexión, estudio, tiempo… eso a mí me interesa mucho!

Ese es el mensaje y esa es la invitación de este podcast. ¿Podemos conversar? ¡Ojalá podamos! Qué bueno que dejáramos de tratarnos de idiotas, ignorantes, fariseos y demás. Qué bueno que dejemos de mandar a la gente a leer simplemente porque ha leído otras cosas diferentes a las que he leído yo. Me encantaría que algún día encontrara alguien con quién conversar no tanto sobre el qué cree, sino el qué lo llevó a creer eso. Porque, no nos engañemos, la teología no sucede en las nubes, no aprendemos doctrina en revelaciones del tercer cielo. Somos resultado, nuestras ideas y convicciones, nuestra vida de fe, todo eso es resultado de nuestro entorno, nuestra crianza, nuestra cultura… Eso no es relativismo, amigos, es una realidad social. 

Si yo no hubiera aprendido a leer en la Biblia a los 4 años, si no hubiera crecido en una familia misionera, si no hubiera acompañado a mi papá en sus viajes evangelísticos por media Colombia, si no hubiera sido líder de jóvenes desde los 14 y predicador dominical desde los 19… si no me hubiera pasado todo eso y muchas cosas más, seguramente no sería la persona que soy hoy, el cristiano que soy hoy, no me relacionaría con la fe como lo hago hoy. No es que algún falso profeta me convenció de algo, no es que los ángeles me revelaron cosas que ojo no vio ni oído oyó… es que el recorrido de mi vida, mis aciertos, mis embarradas, todo eso me ha traído a conocer a Jesucristo como lo conozco hoy, a entender la Biblia y vivir la fe como lo hago hoy… ¡y esto seguro que a vos te pasa lo mismo!

Compartamos vivencias, compartamos ideas, pongamos los argumentos a conversar. Renunciemos por un momento al impulso de evangelizar al otro, de discipularlo, de corregirle su doctrina errónea… Conversemos. Si no estás de acuerdo con esta invitación, bueno, se le puede decir que no. Pero si quieres encontrar un espacio para compartir la fe desde lo que Dios ha hecho en tu vida, respetando y valorando lo que ha hecho en el otro, en ese que piensa y cree diferente, en ese que no está de acuerdo con tu ortodoxia o tu doctrina… si quieres compartir y conversar, este espacio es para vos. Eres bienvenida, eres bienvenido.

¿Podemos conversar? ¡Claro que podemos! Aquí podemos conversar.

Músico, publicista y físico (en ese orden). Desarrollador y administrador del sitio web de TeoCotidiana. Creador del proyecto Cancionero Cristiano. Felizmente casado con Maria Alejandra y felizmente papá de Juan Martín.

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