three religious figurines on brown surface

Carta desde Belén

¿Has tenido noches que no sabes cómo nombrar? ¿Sabes de que color es la oscuridad y el miedo? ¿Entiendes el silencio abrumador de las dudas? ¿Has tenido noches sin estrellas para navegarla?

Pues, en una noche, como tus noches, de esas que son inciertas. Cuando no es tan fácil reconocer si el sol acaba de ir a dormir, recién empieza la oscuridad. O, si, por el contrario, está a punto de despertar, ya casi llega el amanecer. Una noche como las noches que te abrazan y te dejan sin aire. Cuando saltan todas las preguntas. Cuando no hay refugio para tu verdad o para tus lágrimas. De esas noches donde el silencio es un enemigo audaz, cuando ninguna estrella sabe decirte por dónde se llega al descanso. Una noche así. Una noche particular.

Una noche de ruidos, cuando el desaliento es un pan cotidiano. Cuando el encuentro queda para otras épocas. Cuando te falta un amor. Cuando la soledad no es elegida. Cuando la piedra que late en ti se hace más pesada. Cuando no hay canción que te despierte ni abrazo en el que refugiarse. Cuando el imperio de la violencia gana adeptos a prisa. Cuando toca huir de aquello que nos da miedo. Cuando la desesperación se convierte en prisa y la prisa, en más de una angustia. Cuando el poder quiere robarse todas las estrellas y nada ilumina por dentro.

En una noche así, como tus noches, Dios acaricia esta historia, tu historia. Nos grita en la canción de un pequeño recién nacido: no temas vivir. Nos dice que es un dios-con-nosotros, no sobre nosotros, no lejos de nosotros, con-nosotros. Nos recuerda que se puede pasar por esta vida siendo frágil, vulnerable, humano. Aún cuando toca cazar estrellas, calmar el paso, desandar caminos, perdonar heridas, nombrar algunos miedos, iluminar incertidumbres, atreverse a ser respuesta, encontrar preguntas, reconciliarse con la intemperie, cantar la propia verdad, ensayar sueños, amar rostros, buscar la justicia, dar a luz la esperanza (con los gritos, con la fuerza del empuje, con el cansancio luego del parto), llorar como un niño, como el dios-niño-con-nosotros. En una noche así, como tus noches, Dios se hizo camino y una buena-noticia.

En medio del camino llegó y no hubo tiempo ni dinero ni posibilidades para prepararle un mejor lugar. La huida se había convertido en intemperie y aún así, Él insistía en llegar, respirar el aire con aroma a sudor, a pesadumbre, a pobreza, a animales.

Él insistía en pisar la tierra, llena de búsquedas, de lodo y de huellas petrificadas, unas sobre otras, que aún conservaban la desesperación de aquellos que huían de la violencia.

Él insistía, con cada contracción, en hacerse llanto para unir el suyo al clamor de la tierra, de los pastores, de los pobres, de los marginados. Para llorar con la creación, él insistía.

Y así, Dios vino, en la frontera de una ciudad, fuera de las murallas, lejos de los ruidos, en un pequeño lugar de paso, en esta dramática escena bajo las estrellas. Se hizo llanto, calma incierta, sueño reparador, mirada comprometida, esperanza inquieta, canción de cuna.

En una noche así, nacía dios-con-nosotros.

En una noche así, dormía dios-con-nosotros.

En una noche así, lloraba dios-con-nosotros.

En una noche así, reía dios-con-nosotros.

Por eso, si tú hoy te sientes, más herido, más vulnerable, más frágil: Navidad es para ti. Te lo digo yo, que estuve allí, la primera navidad.

María De Nazaret,
בית לחם
Casa de Pan.
Belén.

Marco Enrique Salas Laure

Magíster en Creación Literaria. Estudiante de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana. Interesado en la espiritualidad y mística cristiana como presupuesto para una renovación eclesial. Creador del espacio digital: "Teología en casa". Actualmente propone la palabra teológica en el continente digital.

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