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Introducción al mundo de Qumrán – Parte 3

La comunidad qumránica

La gran variedad y antigüedad de los textos que componen esta colección hacían pensar que estos manuscritos formaron parte o fueron una biblioteca específica, pero no existía ninguna evidencia previa que nos hubiera llegado por medio de otros escritos para entender cómo habían llegado ahí.

Una de las primeras hipótesis formuladas fue la vinculación de los libros con la huida de Jerusalén en el año 70 d.C., durante la destrucción del Templo, donde estos libros pudieron ser parte de la biblioteca del Templo y algunos judíos piadosos, con el ánimo de preservar su tradición y fe, se trasladaron hasta esta zona aisladas para esconderlo de la destrucción romana.

Sin duda, esta hipótesis parecía bastante racional, pero carecía de todo sustento arqueológico. Por esto, decididos a realizar una búsqueda más exhaustiva en los alrededores de Qumrán, pusieron la atención en Khirbet Qumrán, unas ruinas relativamente cercanas y que nunca habían podido relacionar con algún evento. Dispuestos a ello, en 1951 se hizo una campaña exploratoria, descubriendo una vasija de barro de características similares a la encontrada en la 1Q,1 hallazgo más que sugerente para realizar una campaña de mayor escala. De este modo, una coordinación del Departamento de Antigüedades de Amán, el Museo Arqueológico de Palestina y la Escuela Bíblica y Arqueológica Francesa de Jerusalén, entre los años 1951-1956 realizaron cinco campañas arqueológicas, las que fueron lideradas por los distinguidos G. L. Harding y R. de Vaux.4

Finalmente, luego de muchas hipótesis, la que tomó más fuerza fue que esta comunidad fue una sección monástica independiente de los esenios, ya que se encontraron varios puntos en común entre esta comunidad y los esenios, como da cuenta el registro dejado por Josefo, Filón de Alejandría y Plinio. Los puntos en común serían:

  1. Vida y posesiones en común, tal como lo refiere la Regla de la Comunidad.
  2. Comida en común, Guerras 2,8,5.
  3. Oraciones en común, Guerras 2,8,5.
  4. Baños rituales, Guerras 2,8,5.
  5. Obras de caridad, Guerras 2, 8, 3-4.
  6. Reglas de admisión, Guerras 2, 8, 7.
  7. Descanso sabático, Guerras 2, 8, 9.

Tiempos de ocupación

De los resultados de las excavaciones en Khirbet Qumrán, se pudo fechar el tiempo que se usó este asentamiento. Este comprende desde siglo II a.C. hasta el 68 d.C. y, si bien fue ocupado por diferentes grupos, se puede señalar con relativa exactitud el tiempo de cada ocupación. El primer periodo fue desde siglo II A. C. hasta finales del siglo I a.C., volviendo poco tiempo después del terremoto que Josefo afirma que devastó Judea en 31 a.C.5, ya que se logra fechar en ese tiempo una importante reconstrucción y ampliación.

Josefo nos relata que en el 68 d.C. Vespasiano, el comandante en jefe del ejercito romano en Palestina, recorriendo el valle del Jordán llegó hasta Jericó, y separándose la Décima Legión, avanzó hacia Jerusalén. De este registro podemos concluir con bastante certeza que ante la inminente llegada de los romanos hacia Khirbet Qumrán, los miembros de la comunidad, queriendo resguardar su biblioteca de la destrucción, ocultaron todos los manuscritos en las cuevas que había en la proximidad, sellando sus entradas.

Y no fue una mala decisión, ya que las fuerzas romanas hicieron uso de todo su despliegue militar, destruyendo el asentamiento casi completamente. Solo dejaron algunas edificaciones a las que posteriormente se les dio el uso de guarnición romana, aproximadamente entre 68 d.C. y 86 d.C.

Un segundo periodo mucho más breve fue luego de la toma de Masada por los romanos, donde la ocupación fue por parte de una guarnición de vigilia que se mantuvo por al menos quince a veinte años más, para luego abandonarla.

Y un tercer periodo, fue cerca del año 132 d.C, cuando un grupo de insurrectos judíos ocupó Khirbet Qumrán por cerca de tres años, al final de los cuales sucumbieron antes las fuerzas romanas. El ejército romano, queriendo evitar una nueva ocupación de este asentamiento por las fuerzas judías rebeldes, deciden, como era la práctica habitual de la época, demoler completamente las fortificaciones que quedaban. Esto sucedió cerca del 135 d.C.

Una fotografía de la Palestina antigua

Luego del consenso de que Khirbet Qumrán era habitado por una comunidad ascética, aparentemente esenia, quienes se mantenían ahí a la espera del cumplimiento de eventos escatológicos, se pudo comprender mejor que los libros formaban parte de su biblioteca habitual. Esto aclaró muchas dudas sobre la amplia variedad literaria que poseían, y que sin duda reflejan la amplia literatura del judaísmo clásico en los tiempos intertestamentarios, ya que la literatura que había llegado a nuestras manos antes del hallazgo era la que acompañó a la tradición rabínica y cristiana, por lo que no había mayor conocimiento de otras expresiones literarias, principalmente religiosas, fuera de estas dos tradiciones.

La evidencia de los libros sectarios nos permiten entender mejor la realidad de aquella época, muy inclinada a la escatología y el regreso próximo del Mesías, tal como lo describe el libro “Reglas de la Guerra” (1QM).6

Por otra parte, el estudio de los libros bíblicos aportó un cambio de perspectiva tanto del texto masorético como de la Septuaginta (LXX) y el pentateuco samaritano, ya que gracias a la crítica textual a libros como Isaías, se pudo advertir que había variantes próximas al texto masoréticos y otras a la LXX, así como importantes similitudes al pentateuco samaritano. Esto permitió concluir que el texto masorético utilizado en Palestina, el texto hebreo base ocupado para la Septuaginta7 y el texto hebreo utilizado por samaritanos, en su caso en el Pentateuco, no son expresiones de diferentes escuelas de copistas, sino que reflejarían la diversa variedad de copias existentes en las zonas geográficas, comprendidas por Palestina y Egipto.

Esta proximidad de los textos qumránicos a las fuentes del texto que poseemos, es decir, masorético, Septuaginta y pentateuco samaritano, confirmó el excelente trabajo copista masorético, el cual había sido puesto en duda por la alta crítica en el siglo XIX. A su vez, dio mayor validación textual a las otras dos fuentes textuales históricas. Además, pone en duda la tesis general de que el texto masorético era la expresión más fiel de los textos autógrafos, en desmedro de la Septuaginta o canon griego. Surgen así nuevamente las hipótesis acerca de la real razón de la diferencia entre el canon de la tradición judía y cristiana.8

Qumrán, hacia el futuro

Creemos que la mejor manera de explicar los desafíos futuros en las investigaciones de Qumrán es en boca de uno de sus investigadores más destacados en esta materia, quien expresó:

Se está lejos todavía de lograr una visión sintética de lo que representa la biblioteca de Qumrán y, más lejos aún, de alcanzar un panorama completo sobre la historia del judaísmo y de los orígenes cristianos en los siglos que precedieron y siguieron al cambio de era. Este panorama ha de recoger además los resultados de otros muchos hallazgos arqueológicos realizados en Jerusalén, en Palestina y el antiguo Oriente Próximo. Obliga a reinterpretar las relaciones entre todas las fuentes judías, cristianas, orientales y grecolatinas del período helenístico y fuerza también a repensar los presupuestos hermenéuticos de toda la labor de interpretación moderna, condicionada muchas veces por los planteamientos de la propia disciplina o escuela, el mundo de ideas religiosas judías o cristianas, los planteamientos intelectuales de un determinado momento o de una tradición académica (germana, anglosajona, latina o semítico-oriental), etc‘.9

Conclusiones

Sin duda, Qumrán ha logrado algo que en casi dos milenios de investigación teológica no ha había sucedido: la cooperación y el trabajo mancomunado de una importante cantidad de miembros de la comunidad de biblistas, traductores y arqueólogos bíblicos, entre otros. Todo esto sumado a un considerable vigor investigativo y documental en el estudio de los manuscritos, con altas expectativas de extraer un mayor conocimiento textual e histórico de las sagradas escrituras y su contexto.

Junto con ello, se espera un mayor conocimiento del silencioso y oscuro periodo intertestamentario, lo que permitirá comprender a través de estas fuentes extra bíblicas los factores que facilitaron el origen del cristianismo, y cómo éste fue desplazando y replegando al judaísmo clásico en la apropiación profética y escatológica, produciéndose el influjo vigoroso del cristianismo, llevando finalmente (junto a otros factores) a que el judaísmo se cobijara bajo un profundo y extenso periodo de reflexión teológica.10

En la actualidad se prevé que a la línea de investigación cristiana se una la línea investigativa más cercana al judaísmo, con la intención de profundizar la comprensión del periodo precristiano palestino, la evolución de sus instituciones sociales y el cambio en su comprensión de los tiempos escatológicos.

Pero, independientemente de si estas líneas de investigación se consolidan o derivan en nuevas investigaciones, lo que es un hecho es que el estudio de los manuscritos de Qumrán son un capítulo en pleno desarrollo, que ofrece periódicamente nuevos antecedentes, facilitando la comprensión de esta época que hasta hace poco tiempo era casi desconocida. Por esta razón, que los manuscritos sean tan antiguos, permite concluir y reconocer cuáles fueron los elementos que se distorsionaron y se perdieron con el paso del tiempo y que derivaron en conclusiones imprecisas, a causa de la falta de documentación.

Sin perjuicio de lo anterior, en vista de todo este océano de textos y de la evidente proximidad de los textos proto-masoréticos, griegos y samaritanos, es posible que una reflexión revisionista al canon bíblico pudiera ser necesaria e inevitable. Y, ¿por qué no? Incluso no debiera sorprendernos que en el futuro próximo surgiera la idea de un nuevo concilio del cristianismo moderno, con el propósito de reflexionar sobre todos los hallazgos del último tiempo en lo referente a la literatura antigua judeocristiana. Ya que Qumrán no es el único hallazgo sino que, del mismo modo que Qumrán ha dado mayor luz a los textos veterotestamentarios, el hallazgo en Egipto de la biblioteca Nag Hammadi ha traído más luz sobre los textos neotestamentarios.11

Esto no quiere decir que nuevos libros serán incorporados al canon bíblico o que otros serán eliminados. En ningún caso. Sino que es del todo necesario que se replanteen antiguas tesis que adquirieron un valor dogmático a lo largo de los siglos, las cuales, probablemente obedeciendo a catalizadores propios de su época como la destrucción del Templo de Jerusalén, el cuestionamiento a las sectas apocalípticas, la condenación al gnosticismo o, incluso las conocidas tensiones existentes entre judíos palestinos y judíos griegos en los inicios del cristianismo, precipitaron a ambos movimientos a la adopción de decisiones un tanto radicales en el judaísmo, como también en el cristianismo. Estas, a la luz de la nueva evidencia, debieran a lo menos ser llevadas a una revalorización y reflexión en la comunidad teológica.

Con todo, mucho estudio e investigación queda aún por recorrer, por lo que cualquier futuro posible en esta dirección es probable, pero no significa que finalmente se lleve a cabo.

En el intertanto, provechoso será para todo aquel interesado en los estudios biblistas interiorizarse en estas materias, tanto para su propio conocimiento como para su reflexión personal.

Ya que tal vez, y solo tal vez, estos formidables hallazgos sean el preludio y la piedra basal para que en muchos años más el cristianismo en su amplio espectro se cobije finalmente bajo un único canon bíblico. Esto, sin duda, no está en nuestras manos, sino en las de su divino autor.


Bibliografía

  • BIBLIA DE JERUSALÉN, 5ª versión revisada, Desclée De Brouwer, 2018.
  • BRUCE. F.F. Los Manuscritos del Mar Muerto. Qumrán en el siglo XXI. Editorial CLIE, (Barcelona) ESPAÑA, 2011
  • DELITZSCH, Franz Julius, Comentario Al Texto Hebreo Del Antiguo Testamento – Isaías, Editorial CLIE, ESPAÑA, 2019
  • GARCIA Martinez, Florentino, Textos de Qumran, Editorial Trotta, España, 1993
  • KRAMER, Samuel. La Historia Empieza en Sumer. Ediciones Orbis S.A. España, 1985.
  • NOTH, Martin. El mundo del Antiguo Testamento, Cristiandad, 1976, España.
  • PIÑERO, Antonio. Biblioteca Nag Hammadi II, Editorial Trotta, 2004, Madrid
  • ROPERO, Alfonso GRAN DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO DE LA BIBLIA. Editorial CLIE, (Barcelona) ESPAÑA, 2013.
  • TREBOLLE Barrera, Julio, La Biblia Judía y La Biblia Cristiana, Editorial Trotta, España 1993.
  • VAUX, Roland de, Instituciones del Antiguo Testamento, Herder, 1976, España.

Ingeniero y Teólogo, superviviente de cáncer. Pensador del evangelio y peregrino hacia la trascendencia de Cristo.

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