Introducción al mundo de Qumrán – Parte 1

Han pasado setenta y tres años desde que se descubrió un conjunto de manuscritos en una cueva en la zona de Qumrán, cerca del Mar Muerto, y las interrogantes que le rodean son cada vez mayores. El hallazgo, que inicialmente se pensó que sería un manuscrito más, fue el punto de partida de todo un despliegue investigativo para analizar la gran cantidad de manuscritos que finalmente engrosarían el hallazgo y, por cierto, la zona donde se encontraban: una serie de cuevas que con el tiempo pudieron ser analizadas en conjunto y evaluar interesantes hipótesis de la razón de aquel lugar.

Todo este nuevo campo de investigación ha dado forma a lo que actualmente se conoce como los estudios qumránicos.1 Y es lo más natural que pasaría, considerando que a los pocos años del descubrimiento de la que hoy llamamos la 1Q, se le sumaron más, llegando el año 2017 al descubrimiento de la doceava cueva (12Q) que, si bien no contenía manuscritos, contenía importante material arqueológico2 que permitiría seguir profundizando la investigación sobre quienes fueron los custodios de los manuscritos.

Las áreas de investigación son muchas y a medida que se agregan nuevos hallazgos, éstas se amplían. Por ello, cuando hablamos de manuscritos de Qumrán, ya no se trata solo de hablar de los manuscritos propiamente, sino que obliga al menos mencionar diferentes perspectivas en que éstos deben ser estudiados. Tales como: contextos históricos, geográficos, antropológicos, propósito de su custodia y no menos importante, hipótesis del todos en conjunto.

De este modo, y solo a modo introductorio, haremos un breve y superficial recorrido por la historia que envuelve a este acontecimiento, el carácter de los manuscritos encontrados, hipótesis de los custodios y un asomo a lo que Qumrán significará hacia el futuro.

Un hallazgo extraordinario

Toda historia que con el tiempo se vuelve importante, tiene un inicio colorido, anecdótico e incluso mítico. Esta historia no es diferente. Todo comienza cuando el pastor de la tribu beduina de Ta’amireh, Muhammad Adh-Dhib, buscando a una de sus cabras montañeses que se había perdido, subió por una escarpada ladera en los cerros de Qumrán, y apoyándose sobre una piedra, ésta cedió, cayendo su mano a una gran cavidad interior del cerro. Luego lanzando una piedra hacia el interior, cayó sobre objetos que se quebraron, entendiendo en ese momento que era una cueva y había algo en su interior. Posteriormente Muhammad adh-Dhib junto a un amigo entraron y hallaron una vasija de barro con manuscritos en su interior, los retiraron y se fueron a Belén para intentar venderlos.

A los pocos meses los manuscritos llegaron al monasterio ortodoxo sirio de San Marcos, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, quienes en 1948, se contactaron con John C. Trever, director en funciones de la American School of Oriental Research en Jerusalén, con el propósito de que revisara los manuscritos. Trever tomó fotografías de los manuscritos y las envió vía áerea hacia el arqueólogo bíblico más importante de la época, el profesor W.F. Albright del Johns Hopkins University de Baltimore, quien muy sorprendido, y quizás algo emocionado por el hallazgo, insinúa que aquellas fotografías daban cuenta de un manuscrito más antiguo que el mismo papiro nash,3 el manuscrito más antiguo conocido hasta ese momento.

En 1949, luego de la confirmación de W.F. Albright y fruto de intensas negociaciones con el monasterio y el Estado árabe, puesto que el monasterio estaba bajo su jurisdicción, los manuscritos llegaron a la American Schools of Oriental Research en los Estados Unidos, facilitados por el monasterio por un periodo de tres años, para su estudio y publicación.

Luego de los tres años, y luego del fracaso de intensas negociaciones con el monasterio para renovar un nuevo plazo, los manuscritos deben volver al monasterio. Pese a ello, y fruto del estudio de los manuscritos, se logra realizar la publicación de los siguientes trabajos:

  1. The Dead Sea Scrolls of St. Mark’s Monastery [Los rollos del mar Muerto del monasterio de san Marcos], editados por Millar Burrows. Volumen I.
  1. The Isaiah Manuscript and the Habakkuk Commentary [El manuscrito de Isaías y el comentario de Habacuc] (1950). Volumen II, Fascículo 2.
  1. Plates and Transcription of the Manual of Discipline [Fotos y transcripción del Manual de Disciplina] (1951)

Pese a este fructífero trabajo de publicación y el interés en el medio académico por este nuevo hallazgo, el circulo académico comenzó a mirar con distancia y reticencia el ofrecimiento de otros nuevos manuscritos, los que confirmaban tener el mismo origen qumránico. Esta reticencia no era más que el cuidado legal y moral de no ser vinculados a la profanación y saqueo que se estaba llevando a cabo en las cuevas. En ese entonces otros pastores beduinos, corriéndose la voz, estaban en una búsqueda frenética de nuevas cuevas, las que, por interés económico, abrían, y retirando los elementos, los fraccionaban para ser más fáciles de vender

Hasta el año 1956 la cantidad de cuevas ya se contaban en once y las piezas de manuscritos en miles, por lo que había un grave riesgo de que este importante tesoro arqueológico se perdiera en manos inescrupulosas y ambiciosas al mejor postor.

Finalmente, en 1958 el estado de Israel anunció que había adquirido una gran cantidad de manuscritos, los cuales exhibiría en lo que se llamaría el Museo del Libro.4

En el presente, la ubicación de los manuscritos encontrados en las once cuevas, ya que la doceava cueva estaba vacía, es la siguiente:

  1. Autoridad Arqueológica de Israel
  2. Museo de Israel en Jerusalén
  3. Santuario o Museo del Libro (Exhibición de los manuscritos más importantes)
  4. Museo Arqueológico de Amán
  5. Biblioteca Nacional de Paris
  6. Museo Arqueológico Franciscano de Jerusalén
  7. Colección Schøyen
  8. Otros lugares privados.5

Las primeras consecuencias

La rapidez con que se había estudiado, copiado y publicado el contenido de los primeros manuscritos, generó una expectativa bastante alta de contar en un breve plazo con los siguientes textos.

No obstante, pasaron años y luego décadas, y lo que en un inicio pudo ser una mera frustración, poco a poco se fue convirtiendo en un germen de especulaciones. Ya que, a juicio de muchos especialistas, no había razón para tanta demora. Entre las especulaciones más osadas, se acusaba del retraso a la Iglesia Católica Romana, quien amenazada de que fuera de público conocimiento textos que cuestionaban el origen del cristianismo, ejercía presión para que no se publicaran.

El tiempo demostró lo absurdo de tales acusaciones y también evidenció la real causa del retraso en la publicación de nuevos manuscritos, que podríamos señalar en dos puntos:

En primer lugar, los siguientes manuscritos, si bien estaban en buenas condiciones, una gran cantidad se encontraba en un alto estado de fragmentación, por lo que el proceso de registro era mucho más lento, pues obligaba relacionar y unir los fragmentos previo a su registro.

En segundo lugar, junto con el registro se estaba haciendo un riguroso y detallado trabajo de investigación arqueológica y clasificación literaria, ya que no solo se habían encontrado textos bíblicos, sino también textos no sectarios o extra-canónicos, de los cuales hasta esa fecha solo se disponía de traducciones de varias copias desde el latín y griego. También se hallaron libros sectarios, cuya denominación hace referencia a la naturaleza de estos textos, los cuales aluden a una terminología, cosmovisión, visión judicial y escatología muy bien definida e independiente, lo que hace inferir que tiene relación con una variante sectaria del judaísmo, la que podría ser fechada contemporánea a los escritos.

Provisionalmente a esta variante sectaria se le denominó comunidad de Qumrán.

La envergadura del trabajo era considerable, por lo que el atraso era un efecto secundario más que razonable para tal hazaña. Por consiguiente, y percibiendo la sensación de la comunidad internacional interesada, la Autoridad Arqueológica de Israel autorizó que todos los investigadores interesados tuvieran acceso a los manuscritos y junto a ello reforzó el equipo encargado de la publicación del trabajo para que en el más breve plazo toda la obra fuera publicada.

Un mar de documentos

Sin duda este nuevo impulso dio un fruto abundante que aún hoy no se detiene, dando paso a nuevas investigaciones, tales como una revisión de la crítica textual y literaria de la Biblia, el estudio arqueológico de las cuevas y el asentamiento cercano a ellas, y estudios antropológicos y religiosos acerca el judaísmo antiguo.

Todas estas áreas sin duda darán origen a más líneas de investigación, ya que una de las convicciones más claras que hoy existe es que Qumrán dio inició a una nueva etapa en la investigación religiosa y arqueológica.

La documentación es abundante y si tratáramos de mencionar cada punto, nos arriesgamos a tener que sumergirnos en un abundante mar de documentos, intentando describir brevemente cada temática involucrada, por lo que con el propósito de profundizar en mayor medida algunos puntos, nos enfocaremos solo en un manuscrito de cada una de las clasificaciones definidas, esto es, manuscritos bíblicos, no sectarios y sectarios.


N. del E.: Espera pronto la próxima entrega de esta serie.

Ingeniero y Teólogo, superviviente de cáncer. Pensador del evangelio y peregrino hacia la trascendencia de Cristo.

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