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¿Cómo entender lo que no se puede entender?

Fe, narración y comunidad

Siendo un niño de tal vez 5 o 6 años iba con mis padres a su iglesia, vale decir una iglesia muy dogmática, que tenía varios manuales donde trataban de explicar todo; sí, todo: cómo debía funcionar la iglesia, cada uno de sus departamentos, las reuniones, y finalmente la vida de cada uno de los miembros. Existía un voluminoso libro con las 28 grandes explicaciones, y luego decenas de otros libros y revistas dando miles y miles de explicaciones más.

Recuerdo que íbamos a la iglesia varias veces a la semana, y me gustaban especialmente las reuniones donde había mucha música. Pero los miércoles iban unos pocos miembros que cantaban sin instrumento, desafinados y luego un “anciano” predicaba durante una hora. Recuerdo que iba hacia los últimos bancos, cerraba los ojos y pensaba “no existo”, “no existo”, “no existo”, dado que estos cultos consistían en la lectura de unos versículos y luego una perorata de explicaciones que no me resultaban atractivas ni convincentes.

A medida que iba creciendo no tenía el coraje de ir al último banco, acostarme y pensar mi “no existo”…

Suponía que ir al seminario teológico era la solución al tema, ya que encontré en medio de mi infancia y adolescencia algunos predicadores interesantes que habían pasado por algún seminario teológico.

Con unos 16 años decidí que lo mío era ir al seminario teológico y encontrar la manera de predicar sin que nadie esté con eso en su cabeza de “no existo”, “no existo”.

Para mí fue todo un chasco ingresar al seminario y encontrarme el primer año con materias como inglés, castellano, hogar y familia, introducción al Antiguo Testamento, liturgia, música sacra, etc.

Materia por materia me parecían un desperdicio de tiempo y dinero. Incluso la materia homilética (predicación) la tomamos con un viejito de como 80 años que nada nuevo aportó. Toda su materia se trataba de cosas que yo ya había leído en algún manual de estilo sistemático (1. a.b.c.d.e., 2.a.b.c.d.e) con anterioridad.

Algunas nuevas preguntas me fueron surgiendo, para las que no había ninguna respuesta. En la biblioteca del seminario, que era bastante grande, pasé horas y horas buscando respuestas a algunas de mis preguntas. Debo decir que algunas respuestas las encontré en ese entonces, algunas después, y hay otras que creo que no tienen respuesta.

Lo lamentable era que muchos profesores y pastores me enviaban a Deuteronomio 29:29. “Lo secreto le pertenece al Señor nuestro Dios”… Lo terrible era que si yo encontraba alguna respuesta no autorizada, debía callarme y hablar solo de lo que estaba claro en los manuales de teología sistemática oficiales.

Me ayudó bastante en ese tiempo mi prudencia y un poco de timidez. El último año de la carrera me tocó un profesor que incentivaba a los alumnos a hacer cualquier tipo de preguntas, y a más preguntas, más surgía un fuego de mi interior que decía: “Yo existo y tengo la posibilidad de preguntar”. Noté como el profesor tomaba en serio nuestras preguntas, y a cada una no salía un caudal de teología sistemática, sino con historias, narraciones de la vida real, y a veces podía estar todo el tiempo de la clase con alguna de sus narraciones.

Salí del seminario con mucho entusiasmo aunque pensaba por qué no me habían tocado profesores como este durante toda la carrera.

Si bien creo que el estilo narrativo no responderá todas las preguntas que uno tiene, por el contrario hacen que surjan nuevas preguntas que uno jamás se las hubiera hecho con el sistema de teología sistemática.

No puedo decir que todo lo que hay en la sistemática es malo, pero en los últimos tiempos me atrapa el tema de leer historias, especialmente narraciones relacionadas a los evangelios del Señor Jesús. No se me ocurre a Jesús dando teología sistemática.

Fue hace unos años que me encontré circunstancialmente con un personaje experto en dogmática evangélica que se deleitaba en presentar los errores de todo el mundo en forma “sistemática”. Esto ocurrió cuando por no contar con vehículo fuimos a la iglesia más cercana a nuestra casa. No niego que varias veces le reclamé sobre su estilo de poner algo negativo y entre paréntesis una larga cadena de versículos bíblicos.

En un momento dado no soporté su impertinencia y le di una respuesta de forma “sistemática” a ver si se calmaba con echar sapos y culebras con personas que veíamos al evangelio de una manera diferente a la suya.

No puedo negar que el personaje me gritó que nunca más pise su iglesia, y yo en medio del barullo le dije que nunca más pise mi casa… Pero, bueno, estupideces. Si el fuera pastor vendría a buscar a la oveja perdida, aunque yo ya encontré un nuevo redil.

Compartiré mi lista, ya que esto podría servir a alguna persona que está atrapada con el tema de la “teología dogmática sistemática”

¿Listos?

  1. En el entorno pluralista de la sociedad actual no deberíamos tratar de avanzar por medio de antiguas líneas rígidas de teología sistemática. Tenemos que permitir que las personas por sí mismas busquen sus respuestas por diversos caminos. Tal vez muchos no lo encuentren por un determinado camino, pero deberían sentirse alentados, amados y aceptados, y al mismo tiempo motivados a continuar la búsqueda.
  2. Cada persona puede tener diferentes puntos de vista con otras. No podemos desviarnos en lo primordial, que son las enseñanzas de Jesucristo. Pero debemos posicionamos con las tendencias no conformistas de Jesús, alentando a tener una fe propia y no una repetición de datos afirmados por tal o cual teólogo.
  3. Tenemos que difundir el evangelio a través de historias y relatos narrativos. No quiero desmeritar otras formas de predicación, pero la espiritualidad hay que plantearla como un paseo o viaje y las ideas espirituales es mejor expresarlas desde diversos puntos de vista, en forma de hermenéutica comunitaria donde todos podamos contar nuestras historias, y donde nadie tenga miedo de contar sus historias complicadas, y expresar libremente sus puntos de vista y experiencias.
  4. Más que teología estructurada de unos pocos, tenemos el deber de crear espacios de auténtica expresión creativa sin prejuicios, buscando la forma de reevaluar las enseñanzas de las Escrituras.
  5. El concepto de una cosmovisión con valores absolutos es imposible de ser vivido de una manera coherente y relevante en los tiempos actuales.
  6. La gente no es igual ni piensa igual que hace 50 años. No podemos tener iglesias al estilo “militar”. Hoy cuanta menos jerarquía haya, es mejor. Esto tuvo que ser siempre así. Tampoco debería existir una competencia entre cristianos sobre quien tiene o no tiene “la sana doctrina” ya que en términos prácticos tal cosa no existe.
  7. Hoy sabemos que errores y pecados existieron siempre en toda la historia de la humanidad. No debemos tener miedo a una narrativa donde abiertamente podamos contar nuestros propios errores y pecados.
  8. Debemos terminar con el tema de las acusaciones. Casi siempre estas acusaciones tienen que ver con cuestiones de teología sistemática.
  9. Un gran desafío que tenemos en la actualidad es centrarnos en Jesucristo. Creo que yendo por el camino de la narrativa del evangelio no tendremos dificultades de encontrarlos.
  10. Nuestra narrativa debiera ser siempre Cristo céntrica. Cualquier historia, sea la que sea debe ser vinculada total y enteramente al espíritu de Cristo.
  11. Tengo una sensación incómoda al ver que el Jesús en el Nuevo Testamento no encaja con el cristianismo presentado en algunas iglesias.
  12. Estoy en contra del autoritarismo. No me gusta utilizar el título de “pastor”, o “doctor”. Esto debiera terminar dado que es anti bíblico y genera un fuerte rechazo, especialmente entre los jóvenes.
  13. Algo que hoy es primordial es el llamado de Jesús de recibir a los extranjeros y a los perseguidos, servir con generosidad, participar activamente en la vida de la comunidad, con generosidad hacia otras personas, el cuidado de la naturaleza creada por Dios y por sobre todo predicar a Jesucristo y su mensaje de manera coherente.
  14. ¿Tenemos una intensa preocupación por las personas diferentes a nosotros? Si no lo tenemos, no somos iglesia de Jesucristo.
  15. Veo como positiva la actitud de amar y orar incluso por aquellos que se nos oponen. No quiere decir quedar callado cuando alguien está realizando una injusticia “en el nombre de Jesucristo”. Todo lo contario; si nosotros callamos, las piedras hablarán, pero no podemos guardar odio o rencor hacia estas personas.
  16. No necesitamos evangelistas que llegan y salen rápidamente; Lo que necesitamos son más cristianos que quieran invertir en el trabajo duro de construir relaciones auténticas con las personas, no con el puro propósito de convertirlos, sino por la motivación que les da el amor y la amistad genuina.
  17. La predicación debe dejar de ser sistemática. Las historias de las Escrituras pueden ser enlazadas con historias o parábolas de la vida actual.
  18. La música no debiera ser lo principal en la iglesia. Debiera terminar esto de los “grupos de alabanza” que ocupan el 70% del tiempo de las reuniones convirtiéndolas en un show.
  19. Algo importante es dar lugar a oración en silencio y la reflexión. No estoy de acuerdo con bombardear con música e información a las personas.
  20. El contenido de la predicación ve a las Escrituras como una narrativa viva que ilumina nuestra historia y no como una verdad proposicional que debe ser observada.
  21. Somos salvos por la gracia de Dios y su amor hacia nosotros. Jesucristo es la mayor muestra de ese amor y de esa gracia.
  22. ¿Predicamos que Dios busca el bienestar integral presente y eterno de cada persona sin que nadie lo haya merecido? ¿Buscamos vivir y proclamar el evangelio?
  23. Dios trae transformación de vidas y reconciliación. No es nuestra misión condenar a ninguna persona sino invitarla a reconciliarse con Dios y con el resto de las personas.
  24. Nuestro principal mensaje consiste en que Dios mismo ha derramado su amor en nuestros corazones. Por tanto no debemos responder agresivamente a los ataques de otras personas.
  25. Algunas de las manifestaciones de nuestro mensaje deben ser el amor, la libertad en Cristo, el servicio al prójimo, la esperanza, la paz y la no violencia.
  26. Podemos ser enriquecidos en la diversidad de experiencias. El fin de las iglesias es que cada persona desarrolle las habilidades y dones que Dios le ha dado y lo comparta en su vida diaria con otras personas.
  27. Más allá del COVID–19 debemos ser cristianos digitales, compartiendo nuestras historias y nuestro amor a Jesús por todos los medios posibles.
  28. Cada cristiano es un ministro llamado por Dios para predicar el mensaje de fe, a través de todos los medios posibles.
  29. Cuanto menos burocracia en una iglesia, mejor.
  30. Todo esto es simplemente mi punto de vista (Wolfgang A. Streich).

Esto pude aprenderlo a través de los años. Me cuesta adaptarme a las iglesias tradicionales. Conozco algunas que están en el intento de cambiar del rumbo caótico que heredamos del siglo XX.

No digo que todos tienen que tener mis puntos de vista. Muchas iglesias jamás podrán hacerlo, pero que surjan opciones, iglesias o como le llamen de “contracultura”, será mejor para el cristianismo.

El COVID–19 nos ha mostrado que hay mucho que cambiar. También me ha mostrado que hay predicadores que siguen con lo mismo de siempre. Pero la gente lo decidirá. La tendencia mundial es que las iglesias que crecen es donde se llega al corazón de las personas con la amistad, con el compañerismo, olvidando los dogmatismos heredados y predicando entre todos los participantes con historias muy emocionantes y relacionarlas con el evangelio de Jesús.

Wolfgang A. Streich es paraguayo, tiene un Bachillerato en Teología y una Lic. en Periodismo. Es miembro de la iglesia Menonita Concordia y coordinador del ministerio Buenas Noticias Ilimitadas #redBnil en Paraguay.

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