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Construyendo espiritualidad como una apertura al otro

Introducción

Abordar la espiritualidad como una construcción importante del interior de cada ser humano será esencial, sobre todo para abrir los diálogos epistémicos que apunten a buscar preguntas en torno a la importancia del otro como prójimo al interior de determinada espiritualidad, como además hacer notar la pluralidad de espiritualidades que habitan América Latina y de cómo estas se entrelazan para lograr darle un sentido a la identidad del sujeto latinoamericano. Por eso es que identidad y espiritualidad se tensionan dialécticamente al conformar a un ser humano espiritual latinoamericano, el cual busca nuevos diálogos y narrativas cercanas a una praxis al interior de la sociedad latinoamericana. Se quiere en este artículo comprobar y analizar si existe un verdadero sentido epistemológico real que el concepto del “otro-prójimo” tiene para la espiritualidad, y de cómo esta última se puede deconstruir favoreciendo lineamientos que apunten a llevar la espiritualidad con un sentido de prójimo a aquel o aquella que está próximo o cercano. “La espiritualidad para que en el fruto sea expresión de una fe genuina, debe pasar por un proceso de purificación de todas las formas de fundamentalismos” (Agostini, 2015). Por consiguiente, se quiere ir al fondo de lo que es realmente la espiritualidad del ser humano, pensando sobre todo en la teología latinoamericana. En el fondo, analizar la espiritualidad de cómo no solo queda en el interior de lo humano como una esfera privada, sino que puede abrirse hacia el otro como prójimo.

La espiritualidad de la teología latinoamericana

Hablar de teología latinoamericana es también dar a conocer su espiritualidad que ha provocado esta teología al introducirse en el contexto latinoamericano, en las necesidades y vulnerabilidades como continente. En general, en todo lo que el sujeto social y político de Latinoamérica presenta ante esta teología latinoamericana. Esta cercanía con la espiritualidad que provoca esta teología se acerca a la cosmovisión de la importancia del otro como prójimo, de cómo esta alteridad del otro latinoamericano se encuentra escindida en un continente que a través de los años ha tenido muchas desgracias e injusticias. Lo espiritual de la teología latinoamericana apuntará a darle un lugar y un respiro también a los pobres y a la distinta clase de pobreza que ha experimentando el continente. El teólogo Jon Sobrino afirma: “Hay que distinguir entre la diversidad de formas de pobreza, tal como van apareciendo o se van percibiendo, y la hondura humana, antropológica y social de cualquiera de ellas y de todas ellas en su conjunto” (Sobrino, 2003, p. 291). La pobreza en Latinoamérica ha recaído sobre todos aquellos que, como dice el Evangelio, no tienen donde recostar la cabeza (Lucas 9:58b). Por eso es que la espiritualidad que provoca la teología latinoamericana ha sido un aliciente para acudir en ayuda social y económica sobre todas y todos aquellos que han experimentado esta pobreza en Latinoamérica, una pobreza que ha abarcado todo el continente y que ha sido multidimensional. Así entonces, la teología latinoamericana ha sido un diálogo y discurso en contexto para esta realidad que escucha y entiende el clamor del pueblo oprimido, sus narrativas, luchas y tensiones.

La teología latinoamericana y su espiritualidad, ha querido alcanzar la liberación del ser humano oprimido de América Latina, desde su praxis histórica quiere lograr un mundo nuevo donde no exista tanta pobreza y donde el sujeto latinoamericano sea libre desde planos sociales, económicos y políticos. El teólogo Néstor Miguez afirma: “La teología latinoamericana es hoy este inestable mosaico de fuerzas en tensión, y por ello mismo altamente creativa” (Miguez, 2020, p. 16). Es por eso que la teología latinoamericana se ha unido a las luchas de los pueblos de América Latina por su reivindicación y un lugar en sociedad ante los poderes económicos opresores. La teología latinoamericana ha provocado en el fondo una espiritualidad de liberación, que se acerque a que el ser humano latinoamericano como prójimo viva integralmente de mejor manera, con mayor libertad y justicia social al interior de su territorio geopolítico. Una espiritualidad así ayuda a tomar consciencia de lo importante que es la libertad para un ciudadano, y cómo desde esta libertad lo posibilita para que pueda experimentar su vida espiritual de mayor y mejor manera. El teólogo Karl Rahner afirma: “La espiritualidad y la vida normal cristiana hoy se ligan, se compenetran, se promueven recíprocamente” (Rahner, 2008, p. 176).

Lo destacable de la teología latinoamericana, es su cercanía con el pueblo, con este concepto tan importante al interior de la mirada socio-política de nuestro continente. Por consiguiente, se puede hablar de que esta espiritualidad latinoamericana es la que también se hace pueblo, es decir, es una espiritualidad que trae y conlleva todos los significados semióticos que el término pueblo puede tener. La teóloga Sabine Dievenkorn afirma: “La teología se acerca mucho a los que no tienen religión, a los ateos y los que no tienen confesión de fe alguna” (Dievenkorn, 2013, p. 261). Aquí la espiritualidad puede pasar a ser un significante importante que entra en tensión dialéctica con lo que el pueblo es en su simbolización. Una espiritualidad que sale de la esfera privada y personal y que baja hacia las esferas del pueblo, no es otra cosa que darle movimiento a esa espiritualidad latinoamericana, es en el fondo llevar la espiritualidad hacia todas las vulnerabilidades y necesidades que experimenta el pueblo de una nación latinoamericana. Por eso es que una espiritualidad cercana al pueblo ayudará a empatizar de mejor manera con las áreas social, económica y política que todo ser humano de un pueblo experimenta. Así entonces, el pueblo pasa a ser un núcleo importante de significado y de relación, pero que también es simbolización, donde la espiritualidad del pueblo se sumerge en todas las tensiones de un prójimo sufriente.

La espiritualidad que promueve la Iglesia

La iglesia siempre ha querido a través de los siglos llevar al ser humano a una espiritualidad que lo conecte con lo divino, con el misterio, por eso ha procurado que, a través de este Dios inmanente y trascendente revelado en Jesucristo, se pueda alcanzar una espiritualidad que apunte a una cristología cercana al ser humano como prójimo. El teólogo Dietrich Bonhoeffer afirma: “La comunidad cristiana no es una realidad de orden psíquico, sino de orden espiritual” (Bonhoeffer, 2003, p. 23). Es decir, la espiritualidad que provoca la Iglesia estará orientada y centrada en todo lo que holísticamente Cristo simboliza y significa para la humanidad. Por eso es que, donde esté la cristología, allí se entablaran elementos de espiritualidad cristiana importantes de reflexionar y debatir también teológicamente, ya que lo teológico siempre estará -desde un pensamiento crítico- fomentando los debates ante la praxis eclesial de la historia de la humanidad.

Se ha destacado la eclesiología latinoamericana en su apertura hacia construir un mundo más justo y libre al interior de nuestro continente. El cómo, ligado a la teología latinoamericana, la Iglesia latinoamericana ha promovido un bienestar de justicia para todos los excluidos o subalternos del continente. El teólogo Leonardo Boff afirma: “Cualidades que revelan los rasgos de la Iglesia que nace del pueblo por obra del Espíritu de Dios y que le confieren concreción histórica en medio de la realidad social” (Boff, 1984, p. 52). Por eso es que la eclesiología latinoamericana ha sido de gran ayuda hacia todo lo que el prójimo como locus teologicus (lugar teológico) simboliza en nuestro continente, en cómo ha defendido al pobre y al oprimido en sus luchas por reivindicación de justicia y libertad. Por eso es que la Iglesia latinoamericana ha sido una Iglesia en salida, en una apertura hacia el otro sufriente. “El campo religioso-eclesiástico es una porción del campo social; este influye sobre aquel dialécticamente y no mecánicamente” (Ibid, p. 54).

Esta espiritualidad de la Iglesia latinoamericana se tensiona con todo lo que ocurre en contextos sociales y políticos de nuestro continente, lo que conlleva a mirar -desde lo teológico- un análisis de cómo la praxis eclesial latinoamericana ha podido a través de los años hacer frente a buscar la verdad y justicia en el continente latinoamericano. El teólogo Leonardo Boff afirma: “La opción preferencial y solidaria por los pobres ha llevado a la Iglesia a dar prioridad a los derechos humanos” (Boff, 1986, p. 57). Son también los derechos humanos, desde donde brota cierta espiritualidad que se humaniza en cada uno de sus puntos y artículos en defensa de un mayor y mejor compartir humano. Por eso es que la praxis eclesial y lo que son los derechos humanos se van a tensionar siempre, ya que ambos procuran el bienestar de la persona al interior de la sociedad. Así entonces, la espiritualidad que brota desde los derechos humanos tendrá su encuentro con lo que es la espiritualidad que nace del mundo de la Iglesia y su acercamiento al concepto del otro como prójimo.

Por otro lado, y, a decir verdad, al interior de la Iglesia también existen dos tendencias políticas claras, la izquierda cristiana y la derecha cristiana; estas nunca han llegado a un acuerdo desde sus diferentes construcciones y epistemologías en cuanto al cristianismo. El autor Pablo Deiros afirma: “La tradicional polarización entre conservadores y liberales quedo a un lado frente a las nuevas circunstancias socio-políticas que se presentaron con el nuevo siglo” (Deiros, 1986, p. 273).

Lo que sí se puede hacer notar es que, a pesar de las diferencias de estas dos tendencias político-eclesiales, ambas se acercan desde diferentes lugares a lo que es el prójimo. Por consiguiente, existe espiritualidad que brota desde ambas tendencias hacia construir una humanidad mejor. Ambas tendencias merecen ser respetadas y escuchadas, si se quiere construir una espiritualidad más holística y global. Por eso es que las diferencias políticas existentes en la Iglesia deberían ser medidas y mediadas por su ortopraxis hacia el prójimo, este último debería ser el centro de todo accionar político eclesial.

Una Iglesia que escucha las demandas, vulnerabilidades y necesidades de la sociedad, es una Iglesia que se acerca a la construcción de Reino de Dios, porque no se preocupa solo de sus miembros, sino está orientada hacia la sociedad y sus subjetividades. “Incluso cuando hablamos de la imagen de la Iglesia en cada época, nos referimos a la oficial o predominante, pero la historia muestra como han coexistido modelos eclesiales bien distintos” (Calvo & Ruiz, 2000, p. 110). Es en la sociedad donde está la necesidad de construir nuevas espiritualidades, pensando que esta última es un aporte a buscar una nueva construcción de un ser humano más espiritual y cercano a una ética, que en este caso se acerca a buscar esa ética que el Jesús de los evangelios mostraba a las aldeas pobres de la Galilea antigua. Por eso es que también espiritualidad y ética se tensionan de igual manera, porque se encuentran en un diálogo importante de aportar a construir una mayor y mejor humanidad. Hay que recordar que la espiritualidad que provoca la Iglesia, está para que el ser humano viva de mejor manera integralmente, para que construya una ética que lo faculte para un mejor vivir ante un mundo de tanta maldad. El autor Raymond Brown afirma: “El Espíritu que llevo la fe a los gentiles y condujo a Pablo a Roma, es el que permanecerá y ayudará a la Iglesia en momentos de necesidad” (Brown, 1986, p. 69).

Un elemento a destacar en espiritualidad es la actividad misionera de Pablo de Tarso y su cercanía con el Espíritu de Dios, ya que en Pablo y su movimiento contrahegémico se puede observar y analizar toda la obra del Espíritu desde la conformación de iglesias hasta los sufrimientos de cárcel que el apóstol tuvo que experimentar. Sin duda, la fuerza del Espíritu en Pablo era muy latente e importante, lo cual fue mostrado en sus cartas -que hizo él, como sus posibles discípulos que también tuvo. El autor Gordon Fee afirma: “El Espíritu está muy cerca del centro de pensamiento paulino, siendo una parte del núcleo fundamental de su concepción del Evangelio” (Fee, 2007, p. 8). Por eso es que la teología que construye Pablo de Tarso está también centrada en el Espíritu de Dios, y desde allí se posiciona para reflexionar en torno a la fe, la libertad y la justificación. Su teología posibilitó que el cristianismo pudiera extenderse en la conformación de iglesias.

Conclusión

A modo de conclusión, podemos decir que la espiritualidad como apertura hacia el otro siempre está en construcción, siempre está necesitando experimentarse al interior de cada ser humano que pueda ser sensible hacia el bienestar del otro. Una mirada holística a la espiritualidad, es lo que debería importar como construcción necesaria para acercarse al prójimo sufriente y vulnerable, de tal manera que este fomentar de lo espiritual sea siempre una reforma creativa y constante también a la ética de cada ser humano. Al final de cuentas, una vida en el Espíritu o una vida espiritual, siempre será llamada a una praxis de humildad hacia el otro, hacia la alteridad, y cómo entonces -desde la humildad- promover y fomentar esa espiritualidad necesaria que tanta falta le hace al mundo y a la sociedad. Por eso es que una gran espiritualidad estará cubierta de humildad como símbolo y signo importante, ya que para que la espiritualidad pueda fluir al interior del ser humano, necesitará también de esta humildad. Por consiguiente, un gran motor de la espiritualidad será siempre la humildad.

Será entonces este impulso de la divinidad lo que hará que el sentido espiritual y la espiritualidad en cada ser humano se lleve a cabo. Se podrá decir, entonces, que sin la ayuda de Dios que es Jesús encarnado, será imposible que el ser humano logre y construya una espiritualidad verdadera, ya que la espiritualidad centrada en el Cristo de los Evangelios será la mayor representación y significación de una espiritualidad humanizada y entregada al servicio del otro-prójimo y de toda la humanidad. Por eso es que una espiritualidad que promulga el Evangelio será mayor y mas poderosa que otros dioses que habitan el mundo y la sociedad, ya que la espiritualidad del Evangelio servirá al prójimo desde el amor, compasión y solidaridad. Así entonces, la espiritualidad como apertura hacia el otro vendrá como construcción solo desde el Evangelio de Jesús. En el fondo, es Jesús el único que tiene la facultad y la autoridad para provocar esta espiritualidad en cada ser humano, por consiguiente, una espiritualidad cristiana tendrá todos los principios, valores, moral y ética que dan a conocer los evangelios. Por eso es que la espiritualidad que provoca el Evangelio como apertura hacia el otro, traerá bienestar, integridad y una mejor calidad de vida para cada ser humano.

Finalmente, concluir que hablar de la construcción de espiritualidad como apertura hacia el otro, no es otra cosa que estar también constantemente buscando esa espiritualidad que nos lleve a acercarnos al otro como prójimo y cómo este último aparece como centro y sujeto de toda reflexión espiritual que se pueda construir, ya que hablar de prójimo será hablar del máximo lugar teológico de toda teología. Es en el prójimo, entonces, donde reside toda la espiritualidad, y desde donde lo espiritual que nace del Espíritu de Dios se hace vida en cada ser humano. Entonces la espiritualidad hacia el otro vendrá a ser un hito importante de co-construir y tener en cuenta al momento de servir a la humanidad. La espiritualidad debiera ser un servicio, una praxis real, importante y urgente hacia la alteridad, donde ricos y pobres tengan una oportunidad de acceder a una espiritualidad que está constantemente en servicio a otros. Por eso es que la espiritualidad se relacionará entonces con el servicio a los demás y estará en construcción constante como apertura hacia el otro.


Referencias Bibliográficas

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  • Boff, L. (1984). Eclesiogenesis: Las comunidades de base reinventan la Iglesia. Santander: Editorial Sal Terrae.
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  • Sobrino, J. (2003). La opción por los pobres: dar y recibir, humanizar la humanidad. Revista Latinoamericana de Teología, pp. 283-307. Visitado el 8 de Abril del 2021. (http://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1345/1/RLT-2003-060-E.pdf).

Magister en Educación Superior mención Pedagogía Universitaria. Bachiller en Teología y miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana y de la Red Teológica de Estudiantes, Chile.

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