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Miércoles santo: celebrar en Jesús Resucitado la solidaridad que ha suscitado en nuestro pueblo y en nuestro mundo

  1. Celebrar a Jesús resucitado desde la situación de pandemia
  2. Domingo de ramos: celebrar la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén
  3. Lunes santo: celebrar en Jesús Resucitado el valor de los pequeños gestos
  4. Martes santo: celebrar en Jesús Resucitado nuestras relaciones interpersonales
  5. Miércoles santo: celebrar en Jesús Resucitado la solidaridad que ha suscitado en nuestro pueblo y en nuestro mundo
  6. Jueves santo: celebrar en Jesús Resucitado “el hombre para los demás”.
  7. Vigilia pascual: celebrar en Jesús Resucitado la fuente y seguridad de nuestra esperanza
  8. Domingo de pascua: celebrar en la resurrección de Jesús la presencia de Dios en la pandemia

Lo que impresiona más en esta situación de crisis es la solidaridad que ha suscitado en todos los pueblos. Una solidaridad que no es de tipo ético (como deber), ni de tipo racional (movida por una ideología), sino de tipo existencial: salida de la conciencia muy profunda de que todos somos uno, que formamos un todo por encima de las diferencias de todo tipo, que nos ha hecho descubrir casi violentamente, que sin la ayuda de los otros nadie puede subsistir, que es más importante la salud de los otros que la mía pues la enfermedad del otro pone en peligro mi salud. Es decir: es una solidaridad de tipo existencial, toca lo más profundo de nuestro ser. Vamos hoy a leer y mirar esta solidaridad desde Jesús tal como la podemos descubrir precisamente en el Evangelio de hoy. Leído desde este punto de vista descubrimos dos modelos de solidaridad: uno negativo, el de Judas que lo lleva al suicidio, y el otro positivo, el de Jesús que lo lleva a dar la vida y termina en la Resurrección.

Guía para la reflexión personal y comunitaria

  1. Qué piensas de la solidaridad que ha suscitado esta situación en todo el mundo.
  2. Qué encuentras de positivo y de negativo en ella.
  3. Iluminar esto con el Evangelio de hoy: Mt.26,14-25

Preguntarse:

  • Cómo vive Judas su solidaridad consigo mismo, con Jesús, con los discípulos y con su pueblo. En qué termina esa manera de vivirla.
  • Cómo vive Jesús su solidaridad consigo mismo, con los discípulos, especialmente con Judas. A qué lo lleva esta solidaridad.
  • Cómo leer desde la solidaridad de Jesús lo que hemos reflexionado.
  1. A qué compromisos nos lleva este Evangelio.
  2. Hacer oración a partir de lo reflexionado.

Reflexionar sobre estos textos

Tercer Cántico del Siervo Sufriente: Is. 50, 4-9

“Para ser yo, he de ser otro/ salir de mi buscándome en los otros/los otros que no son si yo no existo/ los otros que me dan plena existencia” – Octavio Paz

No tengan miedo

El Papa Francisco presidió el viernes 27 de marzo del 2020 un momento extraordinario de oración por la pandemia del coronavirus en el que impartió la bendición Urbi et Orbi, a Roma y el mundo.

El Santo Padre presidió la oración desde el atrio de la Basílica de San Pedro, en medio de la lluvia y ante una plaza vacía, debido a las medidas de seguridad que las autoridades italianas han dispuesto para superar la emergencia sanitaria.

La oración comenzó con la lectura del pasaje del Evangelio de Marcos (4,35-41), en el que Jesús calma la tormenta en el mar de Galilea, luego de ser despertado por los apóstoles que lo acompañaban en la barca.

“Dios omnipotente y misericordioso, mira nuestra dolorosa condición: conforta a tus hijos y abre nuestros corazones a la esperanza, para que sintamos en medio de nosotros tu presencia de Padre”, dijo el Santo Padre antes de la lectura del Evangelio.

En su Homilía , el Papa señaló que en estos días y ante la epidemia del coronavirus, “densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas”.
“Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente”.

“Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere. El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar”…
“El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor”… “en medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado”… Abracemos la cruz de Cristo, ya que en ella hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza”.

“Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios”.

Federico Carrasquilla

Sacerdote diocesano. Realizó estudios teológicos en Roma y Lovaina durante los primeros 10 años de su vida sacerdotal y fue profesor de Teología, Antropología Filosofía de la UPB por 5 años más. Luego decidió irse a vivir a medio popular, donde ha ministrado por 52 años, no para hacer obras sociales, sino para que el pobre descubra que tiene que ser sujeto de su propio destino.

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