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Martes santo: celebrar en Jesús Resucitado nuestras relaciones interpersonales

  1. Celebrar a Jesús resucitado desde la situación de pandemia
  2. Domingo de ramos: celebrar la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén
  3. Lunes santo: celebrar en Jesús Resucitado el valor de los pequeños gestos
  4. Martes santo: celebrar en Jesús Resucitado nuestras relaciones interpersonales
  5. Miércoles santo: celebrar en Jesús Resucitado la solidaridad que ha suscitado en nuestro pueblo y en nuestro mundo
  6. Jueves santo: celebrar en Jesús Resucitado “el hombre para los demás”.
  7. Vigilia pascual: celebrar en Jesús Resucitado la fuente y seguridad de nuestra esperanza
  8. Domingo de pascua: celebrar en la resurrección de Jesús la presencia de Dios en la pandemia

La situación que vivimos y sobre todo las cuarentenas han destapado y hecho pensar en el tipo de relaciones interpersonales que hemos vivido desde niños. Esto seguramente nos ha cuestionado mucho y nos ha planteado muchos problemas, sobre todo el constatar que toda relación interpersonal es conflictiva (J.P. Sartre). El Evangelio de hoy nos muestra cómo fue la relación de Jesús con los discípulos, y sobre todo con Judas, en los últimos momentos de su vida. Dejémonos iluminar y enseñar por la manera como Jesús vivió sus relaciones.

Guía para la reflexión personal y comunitaria

  1. Qué te ha mostrado lo que estamos viviendo sobre las relaciones interpersonales que has tenido con los otros y sobre todo con los más cercanos. Pensar en hechos concretos.
  2. Que valores positivos y negativos encuentras ellas.
  3. Iluminar esto con el Evangelio de Hoy: Jn. 13,21-33 y 36-38

Preguntarse:

  • Cómo aparece en el texto la relación de Jesús con los discípulos y de los discípulos con Jesús.
  • Qué encuentras de positivo y de negativo en esas relaciones.
  • Cómo iluminas con este texto lo que has reflexionado.
  • Qué enseñanzas sacas para tu vida relacional.
  1. Hacer oración a partir de lo que has reflexionado.

Reflexionar sobre estos textos

Segundo Cántico del Siervo Sufriente: Is, 49,1-6

Coraje, nuestra fragilidad es nuestra fortaleza

El acontecimiento del Coronavirus, verdadera pandemia, hizo caer las fronteras que el ser humano erige entre pueblos, entre naciones, entre personas también. Alimentar con el miedo por la ideología del enemigo, ¡es inútil!

En este momento de gran incertidumbre y de miedo generalizado, la palabra del Enviado del Padre funda la esperanza de los discípulos de Jesucristo: “coraje, no tengan miedo, yo he vencido al mundo” (Juan 16,33) 

Los efectos del Coronavirus en los pueblos de todos los continentes, hacen crecer el deseo de que  las restricciones a las que estamos sometidos, se puedan terminar pronto.  

Salir, ¡sí! Pero sin olvidarnos el tesoro de lo que estamos viviendo, reflexionando, y entendiendo por esta grave crisis sanitaria que padecemos.

La vida del ser humano es frágil

Frente a lo que amenaza nuestra vida, experimentamos el miedo. Frente a un peligro invisible, como el COVID-19, nos angustiamos. Descubrimos que a la cultura actual le cuesta reflexionar sobre la fragilidad humana, prefiriendo imaginar al hombre como un ser todopoderoso.  La condición de pobreza en la cual muchos de nosotros estamos viviendo, en solidaridad con los pueblos, nos pone de cara al drama de la necesidad de remedios adecuados y a la cruel ausencia de materiales necesarios. El corazón roto no puede más que gritar a Dios su angustia (Sal.102,24). Dios no teme la fragilidad humana pues al haberse hecho hombre revistió así la debilidad carnal.

¿Qué significa reconocer la fragilidad como rasgo fundamental de nuestra condición humana?

¿Cómo vivió Jesús la fragilidad de nuestra condición humana?

La vida humana, frágil, debe descubrir al otro

Nadie es una isla. Vivir juntos, nos permite comprender que la sociedad es como un sistema complejo, que necesita el aporte de los demás para funcionar normalmente. Ponerse al servicio del otro, de los más débiles, sobre todo, nos hace descubrir la proximidad y apreciar un estilo de vida solidaria. Hay que notar en el caso actual, que la cercanía pasa por tomar distancia (física) con los demás con el fin de protegerlos. El Beato Antonio Chevrier nos enseñó a preguntarnos: “¿qué vemos?” de manera que los demás puedan orientar nuestra vida.

¿Cuáles son los gestos que me permiten valorar la vida de los demás?

¿De qué manera los demás dan una orientación a mi vida, según el ejemplo del Beato Antonio Chevrier?

 La vida encuentra su valor pasando por la dinámica de la Pascua de Jesús

Proteger a los demás, hoy, implica una forma de aislamiento. Es necesaria una disciplina que nos obliga a renunciar. Esta toma de distancia de nuestros compromisos habituales puede ayudarnos a apreciar la vida en familia, el tiempo de la lectura, de la meditación, de la vida comunitaria y la vida sacramental. A veces, es la “lógica del mundo” que tiene poder sobre nosotros y nos aleja de lo que es “verdadero” en la vida. Vencer esta lógica, como Jesús, significa tener confianza a Dios, que ¡nunca nos abandona! Su amor es el único que nos hace pasar de la muerte a la vida. Vivir el momento presente como un pasaje pascual, da a Dios la posibilidad de amarnos. En efecto, la esperanza que nos anima es que la vida dada por el Resucitado sea más fuerte que la muerte.

Tratamos de descubrir los signos de una vida nueva, dada por el Espíritu y semejante a la de Jesús.

Un signo de comunión y de esperanza

La evolución de la pandemia nos molesta y nos obliga a someternos a reglas que van a modificar también el tiempo litúrgico del Triduo Pascual.

En todo caso, tenemos consciencia de que, si el templo está cerrado, la Iglesia, como comunidad, estará siempre “abierta”. Se podrá celebrar la liturgia, sin presencia física de la comunidad cristiana. Que el signo de nuestra comunión, entre nosotros Pradosianos, sea la primera parte de la Vigilia pascual que por el Cirio Pascual nos dispone a acoger la luz de Cristo Resucitado.

Él es nuestra esperanza,

 Que el Espíritu sostenga nuestro caminar, ¡Animo!

 P. Armando PasqualottoResponsable General de los Sacerdotes de El Prado.

Federico Carrasquilla

Sacerdote diocesano. Realizó estudios teológicos en Roma y Lovaina durante los primeros 10 años de su vida sacerdotal y fue profesor de Teología, Antropología Filosofía de la UPB por 5 años más. Luego decidió irse a vivir a medio popular, donde ha ministrado por 52 años, no para hacer obras sociales, sino para que el pobre descubra que tiene que ser sujeto de su propio destino.

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