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Las razones que unen

  1. ¿Qué es la teología?
  2. Las razones que unen

Este artículo es la segunda parte (de tres) de la serie: Anti-Manual para Cripto-Teólogos no Confesos, iniciada con el título: “Qué es la Teología”; publicada el 09 de junio de 2020 en TeoCotidiana. La tercera y última entrega de esta serie se llamará: “El Teólogo del Alma de Cristo”, y estará dedicada a explorar ciertos aspectos de la teología de Orígenes, un potente pensador del cristianismo antiguo.

En la anterior entrega finalizamos señalando que la teología cristiana nace en el encuentro del impulso de la evangelización del cristianismo primitivo con la paideia griega, y en este encuentro varias figuras cristianas encarnaron diversos tipos de simbiosis entre ambos paradigmas. Justino fue uno de los primeros y más relevante entre ellos. Esta entrega estará dedicada a su visión teológica.

La única filosofía…

Tras buscar lo que él denominaba como la verdadera filosofía entre las diferentes escuelas griegas, Justino encontró su evidencia plena y universal en el cristianismo. Este es un hallazgo, cuanto menos, atrevido, dado el estado diverso y rico de escuelas de filosofía de la época grecolatina, por no mencionar cómo debe sonar hoy, en el estado actual de la filosofía, la teología y el mundo de las religiones.

Usando la doctrina del platonismo medio del logos spermatikos, semina verbi o semilla del logos, Justino unió la revelación bíblica con la búsqueda de la filosofía griega, de forma similar a como Filón de Alejandría había hecho con la biblia hebrea (en su traducción griega) y el platonismo alejandrino,1 pero presentando el culmen de dicha búsqueda en la revelación cristológica de la biblia cristiana. En esta búsqueda Justino es el primero de una larga serie de autores cristianos que terminará en el siglo XX con Hans Urs von Balthasar, para quien lo cristiano es la “consumación del sentido fragmentario del mundo (logos spermatikos)”.2

Si bien las frases griegas sperma tou logou (“las semillas del logo”) y spermatikos logos (“logos seminal”) proceden del estoicismo,3 para la metafísica griega común, tanto platónica y estoica como presocrática, el logos es principio de toda razón y la razón humana es sólo un aspecto suyo; precisamente en unión con el logos universal los hombres pueden formar conceptos intelectuales y morales.4

Justino el cisjordano

Reconocido como el primer filósofo cristiano que toma posición frente a los retos que planteaba la evangelización cristiana dentro de la cultura greco-romana, Justino nació en Flavia Neápolis, la actual Nablus, en Cisjordania (la Siquém de la biblia hebrea), hacia el año 100 aproximadamente. La comprensión de su posición frente al humanismo griego se ha movido entre los extremos de la crítica a la helenización del cristianismo, la plena e ingenua aceptación o hasta la recepción crítica de motivos y temas del platonismo medio, y entre los intérpretes de los siglos XIX, XX y los 20 años que van corridos del XXI se ha vivido una verdadera resurrección de los estudios dedicados a Justino y valorar su posición frente al cristianismo y la filosofía.

En su búsqueda de la verdadera filosofía, Justino frecuentó los más destacados representantes de las escuelas filosóficas, mostrando siempre su preferencia por los platónicos. El encuentro con el cristianismo supuso un gran impacto. Defendió el cristianismo como verdadera y única filosofía. Su pensamiento pasó de ser una filosofía de talante religioso a una religión con una profunda reflexión filosófica. Según el obispo del siglo IV, intelectual e historiador de la iglesia, Eusebio de Cesarea (Historia Eclesiástica, IV, 16, 1-6; en adelante citada de forma abreviada como HE), Justino fundó una escuela filosófica en Roma, donde muere martirizado, hacia el año 165 aproximadamente. Que su martirio se produjese o no por obra de las maquinaciones del filósofo cínico Crescente, ya no lo podemos decir. En Eusebio tal dato parece ser más una deducción de lo que él mismo lee en la Apología II de Justino.

Según Eusebio (HE, IV, 18, 1-6), Justino escribió varias obras, de las que sólo nos han llegado dos: su Apología (dirigida al emperador Antonino) y su Diálogo con el Judío Trifón, escritas entre, aproximadamente, el 146 y el 161 (cfr. Ap. I, 46, 1).5 En su Apología, Justino intenta demostrar a los paganos la divinidad de Cristo por medio de las profecías de la biblia hebrea. En el Diálogo con Trifón, se esfuerza por aclarar que la adoración de Cristo como Dios no se opone al monoteísmo bíblico.

Entre las obras perdidas de Justino se encuentran: pros Hellenas (“a los Griegos”), Elenchon (“Refutación”), Peri Theou monarchias (“Sobre la Monarquía de Dios”), Psaltēs (“[El] Salmista”), Peri psychēs (“Sobre el Alma”) y Contra Marcionem (cfr. HE, IV, 11, 8; 18, 9). Esta última obra la conoció Eusebio tan sólo por medio de la obra de Ireneo. Existe cierta disputa en la identificación de algunas de estas obras (Pros Hellenas y Peri Theou monarchias) con las del pseudo Justino: Oratio ad Graecos, Cohortatio ad Graecos y De monarchia.6 Grant fija en las siguientes fechas las demás obras apologéticas: Arístides (ca. 143), Apolinar (entre el 169 y el 176), Melitón (175), Taciano (177), Atenágoras (177).7

El dios de los filósofos

Justino diseñó un sistema teológico en el cual se integra la cultura griega y la bíblica. En dicho sistema, la historia filosófica griega tiene una función propedéutica, ya que sólo la historia de la biblia hebrea está amparada por la revelación del Dios verdadero. De forma similar se presenta la adaptación entre cultura griega y judaísmo en Filón de Alejandría. En su Diálogo Justino escribía:

¿Y cómo pudieras tú sacar tanto provecho de la filosofía, cuanto de tu propio legislador y de los profetas? A lo que Trifón respondió: “¿No tratan de Dios los filósofos en todos sus discursos y no versan sus disputas siempre sobre su unicidad y providencia? ¿O no es objeto de la filosofía el investigar acerca de Dios?”

Dial. I, 3

Más adelante explica su posición:

¿Es que la filosofía no nos propone exactamente lo que Moisés y los profetas quieren enseñarnos? “Ciertamente, dice Justino, y ésa es también mi opinión; pero la mayoría de los filósofos ni se plantean siquiera el problema de si hay un solo Dios o hay muchos.”

Dial. I, 4

Justino concluía diciendo:

La filosofía es en realidad el mayor de los bienes, y el más precioso ante Dios, al cual ella es la sola que nos conduce y recomienda. Y santos, a la verdad, son aquellos que a la filosofía consagran su inteligencia. Ahora, qué sea en definitiva la filosofía y por qué les fue enviada a los hombres, cosa es que se le escapa al vulgo de las gentes; pues en otro caso, siendo como es ella ciencia una, no habría platónicos, ni estoicos, ni peripatéticos, ni teóricos, ni pitagóricos.

Dial. I, 6, 1-2

La alta estima por la filosofía y la cultura que se refleja en Justino no era extraña tanto entre judíos como cristianos educados en la paideia y humanismo griegos.8 Ejemplos de tales pensadores de tradición judía con un nivel elevado de educación griega los encontramos en Filón de Alejandría y Flavio Josefo; incluso el autor judío helenista de la Carta de Aristeas refleja tal actitud:

En efecto, lo más grande para el hombre es “aprender y recibir siempre algo”,9bien sea por narraciones históricas o por propia experiencia. De esta manera se consigue pureza de espíritu para asimilar lo mejor; e inclinándonos hacia lo más importante, la piedad, nos gobernamos por una norma que no yerra.10

Carta de Aristeas, § 2

En este escrito de propaganda judía encontramos la actitud clásica de todo creyente de tradición judeo-helenista frente a la cultura y el humanismo griego. En dicha actitud humanista y universal es típico que su concepción de la divinidad sea de tipo ilustrado, abierta a la sociedad helenística y sus valores culturales. Esta actitud universalista y humanista de los autores e intelectuales judíos helenistas fue recibida como herencia por los intelectuales cristianos primitivos, como Justino.11

Teología como una filosofía de la historia

En su valoración crítica del humanismo griego, Justino concibe la existencia de una sola filosofía verdadera, y ésta ha sido revelada a los hombres de la biblia hebrea. Esta idea es rectora de su filosofía de la historia e impregna el tono de su principal obra conservada:

Existieron hace mucho tiempo unos hombres más antiguos que todos estos tenidos por filósofos, hombres bienaventurados, justos y amigos de Dios, los cuales hablaron inspirados del espíritu divino, y divinamente inspirados predijeron lo porvenir, aquello justamente que se está cumpliendo ahora; son los que se llaman profetas. Sus escritos se conservan todavía, y quien los lea y les preste fe, puede sacar el más grande provecho en las cuestiones de los principios y fin de las cosas y, en general, sobre aquello que un filósofo debe saber. Porque no compusieron jamás sus discursos con pruebas, como quiera que ellos sean testigos fidedignos de la verdad por encima de toda demostración.

cfr. Dial. I, 7,1-2

Para Justino, dicha revelación alcanza su plenitud en Cristo, quien, como logos primordial, difunde su revelación, parcialmente, en la filosofía griega, a la cual se le hace una fuerte crítica, y en la revelación de la biblia hebrea para darle culmen con su aparición en la biblia cristiana. Esta idea es expresada en reiteradas ocasiones en su obra. Por ejemplo:

Mas para enseñarte que no sólo los poetas, sino también Platón mismo han tomado prestadas enseñanzas del Maestro, me refiero al Logos que habló a los profetas, es menester deciros que aquello que Platón enseña respecto al Dios que crea el mundo a partir del caos y de la materia informe no es una enseñanza propia de él, puesto que, escuchad las palabras dichas al respecto por Moisés, el más grande de los profetas y más antiguo que cualquier escritor griego, a través del cual el Espíritu profético ha mostrado cómo Dios creó el mundo en el principio: “En el principio Dios creó los cielos y la tierra. Y la tierra era informe y vacía, y las tinieblas cubrían el abismo, pero el Espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas. Y dijo Dios: ‘Hágase la luz’. ” Y que este caos, mencionado primero por Moisés, era la realidad esencial de la cual el Logos de Dios hizo el mundo, tanto Platón como sus seguidores están de acuerdo junto con nosotros; y tu sobre este punto pronto obtendrás satisfacción.

Ap. I, 76

Y más adelante afirma:

Así pues, no somos nosotros quienes extraemos nuestras opiniones de otros, sino que otros han sacado sus opiniones de nosotros. Y ya que habréis escuchado y aprendido estas cosas, que entre nosotros no hay capacidad de reconocer ni una letra, de lenguaje bárbaro y de hecho rudo y torpes, pero sabios y piadosos en la mente, de este hecho tendréis plena consciencia que la cristiandad no es debida a la sabiduría humana, sino al poder de Dios.

Ap. I, 78

En la filosofía de la historia de Justino es de vital importancia la doctrina del logos desarrollado en el platonismo medio. Con ella, Justino elabora una grandiosa síntesis entre helenismo, es decir, entre el platonismo y el estoicismo, judaísmo y cristianismo. De hecho, la doctrina del logos de Justino permite elaborar la primera teología cristiana sobre la revelación.

La doctrina del logos de Justino se convierte en el primer desarrollo de la doctrina de la revelación. En ella, los conceptos de revelación e historia interactúan entre sí, de suerte que en su teología del logos expone una revelación que se va completando en el paso de la historia.12 En la teología de Justino, la revelación del principio trascendental se va sucediendo por etapas: en los griegos se da una primera recepción, aunque con errores e imperfecciones por parte de los filósofos; los hebreos tienen acceso a una vía de la revelación perfecta; finalmente, los cristianos reciben el culmen de la revelación con Cristo. Para Justino, las semillas del logos se han esparcido en estos tres grupos humanos; uniéndolos en su búsqueda del conocimiento de la verdad única (Ap. II, 8,1-2; 13,3-6).

Con la teología de Justino se tiene la impresión de estar frente a un pensamiento integrista, en el cual se afirma que el ser humano, sin acepción cultural o religiosa, es capaz de conocer a Dios. Justino enfatiza que esta capacidad es activada y potenciada por la revelación; ella es la única vía de acceso a Dios. Los demás intentos humanos de acceso a él sólo son tentativas imperfectas y parciales, pero no son la verdadera y única filosofía. No obstante que la revelación plena se da en Jesucristo, para Justino la filosofía, tiene también valor, vista como revelación natural, como teología natural.

Juan Sebastián Hernández

Papá de Immanuel y Tobías, esposo de Biviana, católico y teólogo. Profesor en dos universidades y miembro de varios grupos de investigación.

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