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Will the Real Historical Jesus, Please Stand Up? Lo que están diciendo sobre el Jesús Histórico – Parte 2

Esta es la conclusión del artículo “Will the Real Historial Jesus, Please Stand Up? Lo que están diciendo sobre el Jesús Histórico – Parte 1“.


Siglo XX, hasta 1980: La New Quest (nueva búsqueda) del Jesús histórico1

Rudolf Bultmann (1884-1976) es el gran continuador de la posición de Kähler. Bultmann expondrá con gran contundencia la separación entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe, concentrando toda la atención sobre el último.2 Bultmann radicaliza el escepticismo frente a la utilidad del Jesús histórico con los dos resultados básicos de su propia investigación:

  1. Los evangelios no son biografías sino testimonios de fe, por tanto no podemos escribir una biografía de Jesús, en el sentido moderno de la palabra, a partir de ellos, nos faltarían fuentes históricas.
  2. Todo lo que se puede captar históricamente sobre Jesús a partir de los evangelios es a un profeta judío y su predicación escatológica.

Según Bultmann, ambas cosas carecen de significado para lo propio de la fe cristiana. Para él, Jesús es un personaje histórico real, que está en la base fundacional de la comunidad primitiva, pero lo primordial no es su historia, sino la fe que la comunidad desarrolla entorno a su tradición. Él estimaba que la investigación sobre Jesús puede ser muy instructiva para comprender históricamente el origen del cristianismo, pero no tiene significación para la fe. Para Bultmann, tiene más importancia el anuncio de la comunidad primitiva (kerygma) que la reconstrucción del mensaje e historia del Jesús histórico.

La posición radical de Bultmann causó una gran reacción entre sus propios discípulos, quienes reiniciaron la búsqueda del Jesús histórico; la así llamada “nueva búsqueda” (New Quest). Al contrario de la “vieja búsqueda” (Old Quest) del siglo XVIII y parte del XIX, la nueva búsqueda no va a prescindir de la fe y el kerygma. Todo lo contrario; ella parte del propio kerygma. Esta nueva búsqueda comienza en 1953, en la conferencia dictada por el discípulo de Bultmann, Ernst Käsemann (1906-1998), y que llevaba como título: El Problema del Jesús Histórico.3 En ella, Käsemann hacía una llamada a reconocer que la investigación sobre el Jesús histórico es de gran importancia para la fe; el Señor exaltado proclamado en el kerygma es el mismo Jesús crucificado; la fe no se ancla solamente en el anuncio kerigmático, también y en primer lugar en la vida, mensaje, muerte y resurrección de Jesús de Nazareth. De aquí la validez teológica de una investigación sobre el Jesús de la historia que permita constatar la continuidad entre la predicación de Jesús y la de sus apóstoles. Para Käsemann, Jesús de Nazareth y su historia son el fundamento del kerygma; no es posible ninguna cristología que no tome en serio la investigación del Jesús histórico. También partícipes de estas ideas y “nueva búsqueda”, son otros discípulos de Bultmann: como Günther Bornkamm, Hans Conzelmann y Willi Marxsen.

Desde 1980 hasta el presente: La Third Quest (tercera búsqueda) del Jesús histórico

En 1985 aparece publicado el libro de Ed Parish Sanders, investigación con la cual inicia la así llamada tercera búsqueda del Jesús histórico. La expresión Third Quest, fue acuñada por Stephen Neill y Tom Wright en su estudio sobre la investigación del Jesús histórico de la primera y la segunda Quest.4 El enfoque de la tercera búsqueda desplaza su interés de lo teológico a lo histórico-social, y ya no busca la ubicación del cristianismo frente al judaísmo, sino comprender la inserción del primero en el segundo. Se pueden considerar tres grandes centros de interés hacia los cuales se desplaza esta tercera investigación:5

  1. El interés socio-histórico: investigadores como Gerd Theissen, concentran su atención en comprender el tipo de sociedad en la cual se generó el movimiento de Jesús y, al mismo tiempo, intentan encontrar líneas y patrones que posibiliten la comprensión de la continuidad/discontinuidad entre este movimiento y el cristianismo primitivo.
  2. La inserción de la figura de Jesús en el judaísmo: autores como E.P. Sanders muestran su interés por comprender a Jesús como el fundador de un movimiento de renovación judía, cuya insistencia en la Torah y la escatología se corresponde con otros movimientos teocráticos radicales. En sí, estos autores intentan ubicar a Jesús dentro del complejo grupo de movimientos judíos del segundo templo. Algunos autores incluso han extremado la posición, y comprenden a Jesús como un profeta galileo fundador de un grupo teocrático de renovación judía.
  3. La consideración de fuentes no-canónicas: Han tomado gran relevancia generalizada el uso de la fuente Q y el evangelio de Tomás (descubierto en 1945), para reconstruir la imagen de Jesús. Igualmente, existe consenso en afirmar que la pluralidad de imágenes de Jesús del cristianismo primitivo debe abordarse al margen de los límites del canon (Heltmut Köster). En este punto, resulta muy interesante la defensa hecha por John Dominic Crossan sobre la preferencia de las fuentes extra-canónicas sobre las canónicas.6 En este sentido van las investigaciones del así llamado Jesus Seminar (“seminario sobre Jesús”). Son destacables los resultados de las investigaciones que usan material extra-canónico; por ejemplo: la temprana reconstrucción de Morton Smith, un Jesús mago (al estilo de las obras de Venturini en el siglo XIX).7

Las grandes ramificaciones que tiene la tercera investigación se pueden agrupar en dos: las investigaciones que tienen una imagen no escatológica de Jesús. En ella Jesús es un exponente de la sabiduría paradójica de la vida, sea esta sabiduría originaria del cinismo helenístico (John D. Crossan)8 de la sabiduría clásica del judaísmo (Elizabeth Schüssler-Fiorenza).9 El segundo grupo de investigaciones tienen una imagen escatológica-profética de Jesús, situándolo en el centro del judaísmo (E.P. Sanders),10 y mostrando a Jesús como un activo restaurador de dicho judaísmo (Sean Freyne).11 O rescatando la visión mesiánica tradicional sobre Jesús, aunque dejando espacio para la construcción de un Mesías complejo, en el cual se involucran otras “funciones”: profeta, taumaturgo y maestro de la Halaka judía (así John P. Meier).12 Veamos con algo más detalle, algunos de los exponentes de la tercera búsqueda del Jesús histórico.

En lo que sigue, permítase extenderme un poco en los aportes de tres tendencias dentro de la tercera Quest: que van de un extremo al otro: en el lado ultra progresista y liberal, el Jesus Seminar; del lado conservador, mesurado: el Jesús de John P. Meier; en el centro de estas tendencias: la reconstrucción sociológica de Gerd Theissen. Todas tres, han tenido y siguen teniendo una gran divulgación y mayor influencia sobre la investigación.

El Jesus Seminar

Con un adjetivo se puede calificar al Jesus Seminar: controversial.13 Este colectivo académico, interconfesional, fue reconocido como el rostro público de la tercera búsqueda del Jesús histórico durante la renovación en el interés por indagar sobre quién fue Jesús que se vivió en las décadas de 1980 y 1990. Este reconocimiento se debió, principalmente, a su afán por publicar y divulgar en diferentes medios de comunicación los resultados de sus reuniones.14 Son tres las razones por las cuales el Jesus Seminar resultó tan controversial: por su objetivo, las fuentes que utiliza y su metodología de trabajo.

El objetivo del colectivo es desmontar la imagen que el protestantismo evangélico y pentecostal tradicional norteamericano había construido sobre Jesús. Tal objetivo ubica al Jesus Seminar en el campo de la apologética moderna, más que en el de la crítica histórica. Con tal objeto en mente, el colectivo ha buscado en las fuentes menos ortodoxas la figura de Jesús: los evangelios no-canónicos. El resultado no puede ser otro que una figura muy diferente del ícono de la ortodoxia.

Una de las decisiones más cuestionadas y controvertidas del Jesus Seminar ha sido su utilización de materiales apócrifos. En especial, se usa el evangelio copto de Tomás, que suponen más antiguo que los evangelios sinópticos e independiente de ellos. La razón para tal suposición es su estructura aphothégmica, es decir, que es un evangelio compuesto sólo por dichos de Jesús. En realidad, este texto sólo puede ser datado lo más tempranamente posible hasta el siglo III. El papiro Oxyrinchus 1, datado no antes del 200 d.C., es el testigo textual más antiguo de este evangelio. Hipólito se refiere a este texto, en un escrito suyo probablemente compuesto entre el 222 y el 235 d.C. Pero su carácter de discursos lo ha hecho asimilable a la hipotética fuente de dichos (Q), la supuesta fuente tras los discursos comunes entre los evangelios canónicos de Mateo y Lucas, y el foco de atención del Seminar. Teniendo en cuenta sólo la supuesta precedencia de Q sobre Mt y Lc, que se piensan escritos entre los años 80-90 d.C., el Jesus Seminar han determinado darle prioridad a estos dos textos sobre los evangelios canónicos, a los cuales consideran recensiones eclesiásticas, poco dignas de fiar, en las que se ha depurado la imagen que las tradiciones primitivas trasmitían sobre Jesús.

Además de esta cuestionable selección y valoración de las fuentes, lo más controvertido del Seminar ha sido la metodología empleada. En primer lugar, el criterio empleado para valorar las fuentes es el de discontinuidad (o disimilitud). Todo dato encontrado que muestre una diferencia con la imagen de Jesús de los evangelios canónicos, es tomado por histórico. Aunque este criterio es útil, porque permite observar los rasgos propios de Jesús, debe ser usado en compañía de otros (como el criterio de testimonio múltiple), para evitar proyectar deformaciones tendenciosas en los resultados de la investigación. Por otro lado, el modo cuestionable de corroborar el consenso por medio de una votación con cuatro ítems,15 hace que la fuerza de la decisión caiga sobre la opinión de la mayoría, en vez de recaer sobre la fuerza de la argumentación y la demostración crítica. En esto tiene razón Witherington III: este cuestionable modo de proceder, tan poco científico, obedece a la idiosincrasia democrática norteamericana. Además, el así llamado “consenso académico” consiste en un grupo selecto de especialistas norteamericanos, en el cual no se incluye ningún miembro de las dos asociaciones más importantes de exégetas de Norteamérica (la Society of Biblical Literature) y Europa (la Society for New Testament Study), así como los profesores de las facultades de teología de las universidades más importantes, como Harvad, Cambridge, Yale, Duke, la Universidad de Chicago, el Union Theological Seminary (Seminario teológico de la Union), o la Universidad Católica de Washington. A la luz de esta importante omisión de expertos, se puede preguntar ¿cuál consenso académico representa el Seminar?

El “judío marginal” de John P. Meier

En contraste con el Jesus Seminar, aparece la obra de Meier: una monografía en varios volúmenes que aún no ha sido terminada.16 Con una investigación ininterrumpida desde 1991 hasta la fecha, esta obra es, en sí misma, el trabajo más minucioso y mesurado de la tercera Quest.17 El primer volúmen está dedicado a cuestiones de método, criterios y fuentes. Las fuentes más importantes son los evangelios canónicos, de aquí que su “nueva visión” sea una conservadora: un Jesús, Mesías y profeta. Lo más interesante del trabajo de Meier es el uso de varios criterios, entre ellos: el testimonio múltiple.18 El empleo tan cuidadoso de criterios de historicidad hace que la argumentación de Meier sea muy convincente y fundamentada. Este es el segundo gran valor y característica de su trabajo.

No obstante, la conclusión a la que va llegando Meier parece ser la de un Jesús según el modelo de la complejidad: Mesías, predicador escatológico, taumaturgo. En el segundo tomo, Meier se reconstruye un Jesús cercano al modelo profético de Elías, taumaturgo y proclamador del Reino de Dios en medio del reinar humano, quien, contrario a Juan el Bautista, no predica tal Reino con la proclamación de la vindicación y la vendimia, sino con sus parábolas y sus obras portentosas.19

Esta imagen de Jesús, taumaturgo y profeta galileo a la imagen de Elías, se ve “ampliada” en los subsiguientes volúmenes de la obra, donde aparece un Jesús según el modelo del mesianismo,20 un maestro de la Halaka y la Hagada hebreas,21 y constructor de mĕšalim proféticos.22

Si duda, esta “doble visión” del Jesús histórico, profeta taumaturgo como Elías, y Mesías y maestro de la Ley, deberá llegar a un punto medio de resolución, cuando Meier explique la muerte de Jesús, tema del último volúmen de su obra. La cuestión que Meier se deberá plantear no será muy fácil: ¿cómo explicar la muerte violenta con cargo por sedición de un profeta taumaturgo, o de un maestro de la Halaka y la Hagada, o de un Mesías que nunca se autoproclamó como tal, ni permitió que lo entronizasen sus seguidores? Como ha afirmado Sanders,23 la muerte de Jesús es la crux interpretatio de todos los intentos de reconstrucción histórica de la vida de Jesús.

Gerd Theissen: Jesús y su movimiento de predicadores carismáticos itinerantes

Finalizo revisando el influyente trabajo de Theissen. Su tesis emerge de sus estudios sociológicos del movimiento de Jesús. Tras un cuidadoso análisis de los componentes económicos, sociales y culturales de la Galilea del siglo I d.C., Theissen concluye que en un ambiente agrario y campesino, donde la mayoría de la población seguiría la religión tradicional judía y sería escéptica de las innovaciones religiosas farisaicas, esenias y apocalípticas, por no hablar de la filosofía cínica, Jesús se presentaría bajo la figura de un profeta que, contrario a la innovación, haría un llamado al regreso a los valores tradicionales. Lo realmente llamativo de Jesús sería el método empleado para realizar tal llamado: obras de poder, como los milagros, y enseñanza empapada de la tradición sapiencial hebrea.24

Para Theissen, Jesús es un profeta que busca la transformación de la sociedad campesina galilea. Sin identificarlo como un líder social revolucionario,25 Theissen ve en Jesús a un seguidor del profetismo veterotestamentario, al estilo de Amós o Isaías, que va itinerante de aldea en aldea galilea como un predicador carismático, que busca renovar a Israel, creando una revolución de la microsociedad judía ante las puertas del juicio.26 Theissen resalta que Jesús evita entrar en las ciudades helenísticas de Galilea.


Quien desee conocer mi posición personal sobre el Jesús histórico y su relación con mi fe como creyente, lo invito a leer otro artículo, el primero que he publicado aquí en TeoCotidiana, titulado: Una Vez Más, ¿Quién es Jesús?

Papá de Immanuel y Tobías, esposo de Biviana, católico y teólogo. Profesor en dos universidades y miembro de varios grupos de investigación.

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