floating green leaf plant on person's hand

Lectura de fe de la pandemia ocasionada por el COVID-19 – Parte 2

Esta es la conclusión del artículo “Lectura de fe de la pandemia ocasionara por el COVID-19 – Parte 1“.


Lectura de fe de esta realidad

A todo lo que hemos reflexionado le vamos a hacer ahora la lectura de fe. Pero antes tenemos que explicar qué entendemos por lectura de fe. Miremos esto de esta manera:

  1. En qué consiste la lectura de fe
  2. Condiciones para realizarla
  3. Cómo hacer esa lectura de fe de lo que vimos en la 1a y 2a parte

1. En qué consiste la lectura de fe

La lectura de fe es una lectura que hacemos desde la fe. Esto significa, lo que parece obvio, que es necesario primero hacer una lectura y esta lectura la hacemos con los elementos intelectuales y criterios ideológicos que nos da la cultura. Ahí para nada interviene la fe cristiana. Y a esa lectura le damos el sentido que nos ofrece nuestra fe cristiana. La lectura de fe la hacemos cuando le damos “un sentido al sentido” que hemos realizado con nuestros racionales.

2. Condiciones para realizarla

El sentido que le damos a la realidad es el que surge de la fe en la Persona de Jesús. Por eso hay que distinguir tres tipo de fe: a) la fe humana es la aceptación de unas doctrinas basados en la autoridad de la persona; b) la fe religiosa va en la misma línea: es la aceptación de unas doctrinas basadas en la autoridad de Dios; y c) la fe cristiana es todo lo contrario: es la acogida y el encuentro con la persona de Jesús y desde ahí aceptamos las doctrinas. Este fue el gran aporte de todo el magisterio de Benedicto XVI (cfr. Primer parágrafo de su primera encíclica). De ahí se siguen dos consecuencias que le dan un vuelco a nuestra práctica cristiana: la una que todo lo de Jesús es oferta, porque yo no puedo imponer la relación con una persona, y la segunda es que el sentado que nos ofrece Jesús, luego lo expresamos en doctrinas y normas.

Para hacer una lectura de fe cristiana es absolutamente necesario conocer la Persona de Jesús y hacer de su Persona no solamente un punto de referencia sino Clave para comprender la realidad. Tener finalmente en cuenta que a Jesús como persona solo se conoce en la oración y el evangelio.

A Jesús solo lo encontramos en la vida, en la realidad: ”El Verbo –La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn.1 ,14); “La Palabra se hizo carne para que la carne se hiciera Palabra”(G.Gutierrez). Este es el punto más original de toda la propuesta religiosa de Jesús: solo hay encuentro con la Persona de Jesús en la realidad. Y aquí tenemos que añadir lo que decíamos en el punto anterior, algo que es de lógica, pero que con mucha frecuencia lo hemos olvidado trágicamente en la espiritualidad latinoamericana: para decir que el Señor está en la vida, en la realidad, es preciso que de antemano hayamos conocido a Jesús. ¡Yo no puedo decir que esta pintura es de Botero si no conozco el estilo de Botero! Y solo conocemos a Jesús en la oración y el evangelio.

3. Cómo hacemos esta lectura de fe

Es decir, qué le ofrece Jesús primero a la realidad de muerte que ha producido el COVID-19 y luego a la las cinco enseñanzas o convicciones que nos deja como consecuencias.

1) Frente a esta realidad de muerte, de caos, de sufrimiento, de incertidumbre, Jesús nos ofrece su presencia viva, portadora de paz, calor y esperanza.

Y para esto bastaría que tomáramos solamente y como dirigidas a nosotros las palabras de Jesús a los discípulos antes de entregarse a la Pasión “En el mundo tendrán que sufrir mucho, pero tengan coraje: Yo he vencido el mundo” (Jn.16,33); Y antes de retirarse corporalmente de ellos: “Yo estaré con uds. siempre, hasta el final del mundo” (Mt. 28,20).Y más cercana a nosotros, la experiencia que nos narra Pablo cuando, después de unas revelaciones, escribe a los Corintios: “Para que la excelencia misma de esas revelaciones no me enorgulleciera, se me dió ‘un aguijón de la carne’ (parece que era una enfermedad) un ángel de satanás encargado de golpearme para que no me enorgulleciera (sic). Entones por tres veces le rogué al Señor que me lo quitara. Pero Él me dijo: ‘mi gracia te basta, porque mi poder obra en la debilidad’. Por eso me complazco en mis persecuciones, en mis debilidades, en mis angustias, en los ultrajes, en los desprecios porque mientras más débil soy, soy más fuerte” (2.Cor,12,7).

Esto tiene para nosotros dos consecuencias muy fundamentales: la una es mirar la muerte sin dejarnos llevar del pánico, de la angustia; mirar la muerte como la miraba un sacerdote español que escribía, semanas antes de morir: “morir solo es morir/ morir se acaba/ morir es una hoguera fugitiva/ es cruzar una puerta a la deriva/ y encontrar lo que tanto se buscaba” (J.L. Martín Descalzo). Y la otra descubrir en el dolor y el sufrimiento la Presencia de Jesús : “Jesús no vino a explicar el dolor ni a suprimirlo, sino a llenarlo de su Presencia” (Paul Claudel).

2) Frente a esta experiencia de que todos somos iguales pero diferentes, Jesús nos ofrece el Reino de Dios como su proyecto de sociedad.

Lo que nos plantea muy fuerte el COVID-19 es la necesidad de organizar el mundo de otra manera. Lo veíamos más arriba.

Precisamente ese es el Reino de Dios: la realización del proyecto de Dios para la humanidad, un proyecto de fraternidad universal, “donde se vivan los valores auténticamente humanos, sin violencias ni dictaduras y construido desde los más pobres, los más vulnerables”(Jon Sobrino).

Este proyecto de sociedad ya lo está construyendo el Señor en medio de nosotros. Y por eso es absolutamente necesario, por una parte, el que creamos en lo que le decía Jesús a los discípulos: “el Reino de Dios está en medio de ustedes”(Lc.17,21); hoy, en medio de esta pandemia, Jesús está construyendo su Reino. Y, por otra, el que humanicemos el Reino, es decir que miremos que las propuestas de Jesús son para este mundo, para ya, para ahora. Que hoy nos invita a colaborar en su reino y a vivir la vida humana en plenitud.

A este propósito la Revista Vida Nueva publicaba una estrofa de la religiosidad antigua y decía cómo había que leerla hoy:

La antigua religiosidad decía:

¿Yo para qué nací? Para salvarme

Que tengo que morir, es infalible

¿Dejar de ver a Dios y condenarme?

Triste cosa será pero posible.

¿Posible? ¿Y río y gozo y quiero holgarme?

¿Posible? ¿Y tengo amor a lo visible?

¿Qué hago? ¿En qué me ocupo, en qué me encanto?

Loco debo de ser, pues no soy santo.

Anónimo s.XIX

La fe cristiana de hoy diría:

¿Yo para qué nací? Para salvarme

Que tengo que morir, es infalible

¿Dejar de ver a Dios y condenarme?

Solo con otro Dios será posible.

Por eso río y gozo y quiero holgarme,

Por eso tengo amor a lo visible.

Y solo me pregunto: ¿en qué me encanto?

Si huyo de la vida pa’ ser santo.

Anónimo s.XXI

3) Jesús le da a la vida humana un valor superior: la hace divina.

Cuando Jesús habla de vida, habla y valora la vida que él escogió para llevar su vida humana: la vida de los pobres de su tiempo. De hecho, desde el principio de su vida pública, a Jesús lo despreciaban por su origen social: ser un carpintero: “De donde le viene a éste esta sabiduría y estos milagros que se hacen por sus manos si este no es más que un carpintero”(Mc.6,1). Además, tener en cuenta que nació en el lugar peor donde podía nacer una persona en su tiempo y murió también de la peor manera que podía morir una persona en todos los tiempos.

Pero esta vida humana de Jesús es la vida de Dios, y por tanto le dio un valor superior: la hizo sagrada, hizo que esta vida nuestra, tal cual, se hiciera la vida de Dios.

Sin embargo, a esta opción de Jesús por llevar una vida pobre como la de los pobres le hemos dado unos sentidos que no van en la línea de la Encarnación. Decimos que la opción de Jesús por el pobre y la pobreza “fue por humildad”, y otros han llegado inclusive a politizar esta opción de Jesús. En realidad el sentido de la pobreza de Jesús (que fue como la de los pobres de su tiempo, repetimos) surge de la Encarnación: Jesús, el Hijo de Dios, se hizo hombre para mostrarnos con su vida el modelo de vida humana que nosotros podíamos y debíamos vivir. Es decir, la opción de Jesús por el pobre tiene un sentido humano, no socio-político, ni ético: Jesús se hizo pobre como los pobres porque Él venía para todos, para situarse en un lugar donde todos lo podíamos encontrar. Y la vida pobre es la vida universal. Todos podemos ser pobres a la manera de Jesús. Y esta es la pregunta que tenemos que profundizar, pero que no es el momento: ¿qué descubrió Jesús en la pobreza de los pobres para escogerla como su vida en este mundo?

Es la explicación que le dio el Padre de Foucauld a la opción de Jesús por nacer y morir como pobre. Decía: “Jesús nació como los más pobres porque ahí lo podían encontrar todos: nació en un pesebre y los pastores, los más pobres de su tiempo, fueron los primero en ir a verlo, pero también fueron los Magos. Si hubiera nacido en un palacio, los magos hubieran podido entrar, pero no los pastores. Y murió en una cruz, en el lugar peor donde una persona podría morir que sufriera la peor situación para que toda persona pudiera recibir en la situación más dolorosa y degradante palabra consoladora y liberadora”.

Jesús nos mostró entonces con su vida, su acción y su muerte que, si queremos un mundo para todos donde la vida sea considerada como el bien supremo al que hay que subordinar todos los otros valores, hay que construirlo, no solo en favor de los más pobres, sino desde los más pobres, como ya lo decíamos arriba.

4. Jesús nos propuso tener una mirada contemplativa de la naturaleza.

Cuál sería la lectura de fe sobre la naturaleza y que el COVID-19 puso al descubierto al mostrar con sus efectos, “ el abismo” en que estábamos con nuestro comportamiento ante la naturaleza, sobre todo en lo del cambio climático.

Una visión teológica y pastoral de esta relación del mundo con la naturaleza la expresó hace algunos años, de una manera bellísima y muy profunda, el Papa Francisco con la encíclica Laudato Si.

Situándonos ahora más bien en la manera como Jesús nos reveló con su Palabra y su Práctica, su manera de verla, podemos resumirla en cuatro propuestas que le dan “un sentido al sentido” que le damos a nuestra reflexiones.

Jesús nos dice entonces:

  • Aprendan de la naturaleza: “miren los pájaros del cielo …observen los lirios del campo”(Mt.6,26-28). No se situen como dueños, como amos, sino como discípulos. Cambien su mirada mercantilista por una mirada gratuitamente contemplativa.
  • Sigan el ritmo de la naturaleza: “un hombre sembró la semilla y luego se fue a dormir… la semilla produjo la espiga y luego el grano”. Aceptar que la vida se va desarrollando lentamente, que tenemos que creer en la acción de Dios, que hoy está haciendo crecer el trigo en medio de tanta cizaña, en medio de todo lo que estamos viviendo de caótico y destructor.
  • Confien que hay Alguien que cuida de todos: que está más interesado por nosotros que nosotros mismos, como el pastor que se preocupa de la oveja que se perdió, que cuida de sus ovejas y las conoce por su nombre o la mujer que busca su moneda (Lc.15,4ss).
  • Manténganse unidos a mi si quieren producir mucho fruto como la rama que saca la savia del tronco y encuentra ahí su vitalidad.(Jn.15,1). Que la clave de la eficacia de todo lo que hacemos por salir de esta situación no está solamente en la seriedad y responsabilidad que le estamos dando a la lucha contra el COVID-19, sino en la fuerza interior de un Dios Padre que está luchando con nosotros y nos asegura la eficacia de nuestros esfuerzos.

5. Encontrar en una relación personal con la persona de Jesús el sentido humanizador y liberador de lo que hemos vivido en la cuarentena.

Es la lectura de fe que le podemos hacer a la experiencia de la Cuarentena. Esta experiencia ha sido única para todos en todo el mundo. Nunca nadie había tenido que vivir esta situación. Y a todos en todos los países nos han quedado las dos enseñanzas que veíamos arriba: que la felicidad nuestra está en la relación interpersonal con el otro y que esta relación es siempre conflictiva.

Es supremamente significativo que la gran parte de las reflexiones sobre las consecuencia del COVID-19, los medios de comunicación las hayan centrado en ayudar a vivir esa experiencia única de “permanecer en casa”. El letrero ”#QuédateEnCasa” aparece en todas partes. Son muchísimos los programas que se ofrecen para utilizar el tiempo de estar unidos y enfrentar las dificultades y conflictos que ese confinamiento ha traído.

Pues para leer y vivir esta experiencia de una manera humanizadora y liberadora, Jesús nos ofrece tres aportes que de ninguna manera quieren suplantar, ni contradecir las reflexiones que se nos están dando, sino que vienen a ofrecer un “sentido al sentido” que se nos ofrece o que nosotros nos hemos hecho por nosotros mismos.

El primero: Jesús nos ofrece su persona para vivir con él una relación personal que quiere ser el fundamento de toda relación que tengamos con los otros. Esta relación con la persona de Jesús como toda relación personal, se realiza en el amor.

Pero la relación con Jesús tiene dos características que hemos olvidado en nuestra práctica cristiana: la primera es que es absolutamente gratuita, no nos la hemos ganado ni tenemos que hacer nada para conquistarla; por eso no está mediatizada por la ética, es decir por el comportamiento nuestro. Nuestro mal comportamiento nos perjudica a nosotros, pero Jesús siempre nos seguirá amando de la misma manera. Fue lo que Jesús le dijo a los discípulos: ”No fueron uds. los que me escogieron a Mí. Fui yo quien los escogí a uds.” (Jn.13,15). Y la segunda es que es también la única relación que no es conflictiva. Es lo que les escribía Pablo a los Romanos con mucha fuerza, “nadie ni nada me puede separar del amor que me da Jesús” (cfr.Rom.8,36). Y por eso la podemos vivir desde la situación personal de cada uno, pues tanto lo bueno como lo malo nuestro, está ya asumido por Jesús. Por eso es humanizadora, personalizadora y liberadora.

Y si todo esto lo miramos desde lo que hoy consideramos como la esencia de la persona, que no es ser racional sino relacional (lo decíamos más arriba), podemos decir que con solo vivir esta relación personal con Jesús, ya nos estamos haciendo persona, nos estamos humanizando.

El segundo: esta relación con la Persona de Jesús la tenemos que vivir en la relación con los otros. Esto es demasiado claro en todo el Evangelio, pero sobre todo en la Primera Carta de Juan: “El que dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso… el que ama a Dios tiene que amar a su hermano y viceversa, el que ama a su hermano, muestra que ama a Dios (lo dice la 1 de Juan en todas partes). Pero ¿cómo hacer si hemos dicho muchas veces que toda relación interpersonal es conflictiva? Es muy sencillo, aunque nos cuesta entenderlo porque es un lenguaje nuevo: la relación con Jesús, que no es conflictiva, la vivimos dentro de la relación con los otros, que siempre es conflictiva; o, dicho al contrario, ¡la relación conflictiva con los otros la vivimos en la relación con Jesús que no es conflictiva! Simplemente el conflicto hace parte de nuestra relación con Jesús, pero no la impide. Por esa la relación con Jesús es liberadora.

El tercero: esta relación con la Persona de Jesús hay que hacerla todos los días. No se puede suponer. Pero es lo que pasa con todo lo afectivo: no lo podemos suponer. La relación personal hay que hacerla todos los días, si la suponemos se muere. Es lo que escribía en un lenguaje muy popular un psicólogo belga: “Un novio no le puede decir a la novia el día de su boda: te amo para siempre y no hablemos más de eso. Si supone esa relación de amor y no la renueva cada día muy rápido desparece” (A.Vergote). Todos los días tiene que renovar el amor. Lo mismo pasa con la relación con Jesús: hay que inventarla todos los días. Y de ahí surge la necesidad absoluta en la relación con Jesús, de la oración el Evangelio y la Eucaristía.

Conclusión

Ojalá estas reflexiones nos puedan ayudar a mirar lo que estamos viviendo de otra manera: no como una desgracia, “un festival de Incertidumbres”(E.Morin), sino como un momento de gracia, un kairos (como decía Pablo), una ocasión de rehacer nuestra vida personal y nuestro mundo, como una ocasión única de enderezar nuestra historia.

Que nuestro grito sea el que ponía Pablo al final de su 1 Carta a los Corintiosy el Apocalipsis también al final:

Maranatha. Ven, Señor Jesús.

Federico Carrasquilla

Sacerdote diocesano. Realizó estudios teológicos en Roma y Lovaina durante los primeros 10 años de su vida sacerdotal y fue profesor de Teología, Antropología Filosofía de la UPB por 5 años más. Luego decidió irse a vivir a medio popular, donde ha ministrado por 52 años, no para hacer obras sociales, sino para que el pobre descubra que tiene que ser sujeto de su propio destino.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *